Rodéate de gente feliz
Las personas que nos rodean ejercen sobre nosotros más influencia de la que parece a simple vista. Al final, la energía que te llevas después de un plan con amigos en el que has disfrutado y sentido alegría, se transforma en vitaminas para el espíritu que te renuevan por dentro, te dan fuerza y vitalidad para vivir el presente. Por el contrario, cuando un día tras otro, pasas las tardes con una persona que se encuentra en un momento de profunda tristeza, puede suceder que llegado el momento, te arrastre hacia la línea del dramatismo.

¿Quieres ser feliz y hacer que cada día de tu vida merezca de verdad la pena? Entonces, apuesta por rodearte de personas que son optimistas, tienen una visión del destino constructiva, disfrutan de cada momento, te aportan emociones gratificantes…

En cierto modo, el arte de ser feliz también se aprende a través del ejemplo de aquellos que son felices y no pueden disimular que lo son. De hecho, al igual que la risa se contagia en el seno de un grupo, la sensación de plenitud también crece cuando la vida se comparte, por el contrario, la soledad llevada al extremo es sufrimiento para el alma.

Los efectos positivos que se derivan de las compañías adecuadas son muy beneficiosos para ti mismo. Pero está claro que eso no significa que haya que evitar a una persona que está triste o que atraviesa un momento de dificultad. Todo lo contrario, de hecho, los amigos verdaderos son aquellos que están a tu lado en lo bueno y también, en lo malo. Pero nadie debe reducir su tiempo ni su vida a alguien que está sufriendo. Este ejemplo se ve más claro en el caso de aquellos que cuidan a un enfermo dependiente. Por supuesto, también tienen que tener su propio espacio para poder desconectar y cuidar de sí mismos.