Saber adaptarse a los cambios
Decía John Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras estamos haciendo otros planes, y, muchas veces, parece que es así. Cuando tú ya crees que tienes una vida estable, construida y encarrilada, la vida parece dar un golpe de timón y hacer que esa seguridad desaparezca o se tambalee en un instante. Ese instante en que tu puesto de trabajo deja de ser tan seguro o cuando es necesario introducir cambios en tu vida de pareja para que siga creciendo.

Los seres humanos necesitamos una cierta seguridad para vivir tranquilos, y por ello creamos la ilusión de la permanencia, de que todo es estático y nada cambia, pero realmente no es así. Todo está en constante cambio, incluidos nosotros, pero no somos conscientes de ello, hasta que el cambio es tan evidente que ya no tenemos más remedio que hacerle frente.

Ante esta situación, hay personas que se dedican a renegar del cambio, que protestan y rabian porque las cosas han dejado de ser como son. Otras, por el contrario, actúan como si nada hubiera cambiado, ajenas a todo cuanto ocurre a su alrededor.

Cualquiera de estas dos actitudes es contraproducente, porque no nos va a permitir aquello que nos va a ayudar a superar los cambios: adaptarnos a ellos.

Al igual que un ave cambia de rumbo cuando se acerca una tormenta, nosotros debemos tener la flexibilidad suficiente para reprogramar nuestra vida para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Deberemos analizar qué ha cambiado y qué modificaciones debemos introducir en nuestra conducta o qué debemos aprender para adaptarnos a ello.

En el caso de que sean circunstancias ajenas a nosotros, en las que no podamos intervenir, en este caso es necesario mantenernos tranquilos, previendo las posibles soluciones según cambie el escenario en el que nos movemos.