Saber esperar
La paciencia: qué arte tan difícil y a la vez tan complicado. La paciencia muestra la capacidad de una persona de saber esperar. ¿Es bueno vivir a la espera? La realidad es que tomar este término en su sentido estricto resulta algo negativo, es decir, no es bueno tener una actitud pasiva sino que merece la pena adoptar un rol creativo ante tu propia vida. Más allá de esta cuestión, la experiencia de los años muestra que existe una sabiduría notable en el hecho de aprender a esperar. De dar tiempo al tiempo, a las cosas y también a las personas.

En más de una ocasión, por dejarte llevar por la impaciencia o por meter prisa al otro (no sólo en el amor sino también en la amistad o incluso, en una situación profesional) puedes terminar logrando el objetivo contrario al que deseas. Terminarás alejándole de ti.

En cambio, si aprendes a relajarte y a ser más flexible descubrirás que tal vez la espera ha merecido con creces la pena. Cada persona tiene su proceso interior. Esto lo saben muy bien los psicológos que son conscientes durante el proceso de terapia que cada paciente necesita más o menos meses de consulta para que se produzca el cambio en el interior del paciente.

Hay personas que viven obsesionadas con el reloj, con los minutos y los segundos. A veces, esta presión deriva del ritmo profesional, sin embargo, merece la pena dar a cada cosa su valor. Por ejemplo, merece la pena no mirar el reloj cuando tienes delante a una persona que te está abriendo una parte de su corazón. La vida es tiempo pero a la vez es mucho más que eso en tanto que el hombre tiene una capacidad anímica que trasciende toda la materia. Aprende a saber esperar cuando creas de verdad en tu objetivo y también, cuando creas que ese objetivo merece la pena.