Sentimientos frecuentes en un bajón anímico
Uno de los síntomas que indica cómo todavía nos queda mucho por avanzar a nivel de inteligencia emocional es que solemos utilizar conceptos generales para identificar nuestro estado de ánimo. Seguro que en algún momento has dicho o has escuchado a alguien el término “estar de bajón”. ¿Pero qué sentimientos son los que realmente se producen cuando estamos en este punto? Poner nombre a los sentimientos, uno a uno, puede ayudarte a conocerte mejor a ti mismo.

Tristeza

La tristeza es uno de los sentimientos habituales en este estado emocional. Existe cierto apagamiento anímico, como si estuviéramos menos vitales. En ese caso, la tristeza tiene una causa específica aunque no la hayamos identificado. Puede estar producida por un hecho en concreto o por la suma de varios factores que no se resolvieron en su momento y han producido una reacción en cadena.

Por otra parte, conviene puntualizar que la tristeza puede tener muchas formas distintas, una de ellas es la ira. En ese caso, esta rabia muestra un enfado por un hecho que se considera injusto. También es posible sufrir la tristeza propia de la envidia. Algunas personas están de bajón porque tienden a compararse en exceso con los demás.

Pesimismo

Un bajón anímico va acompañado de un grado de pesimismo aunque sea moderado. Surge una forma de pensar en la que la realidad parece tener un color gris. Las vivencias que nos ocurren también influyen en nuestro propio estado de ánimo, especialmente, cuando suponen una ruptura con nuestros propios sueños e ilusiones.

Sentimientos frecuentes en un bajón anímico

Apatía

El bajón anímico también suele estar asociado con cierto sentimiento de apatía, la persona tiene que hacer un esfuerzo extra para afrontar las rutinas cotidianas sin dejarse arrastrar por la pereza o por ese sentimiento de: “¿Para qué voy a esforzarme?”. La apatía es resultado de haber desconectado en cierto modo con el presente para hacer una pausa, descansar y volver a retomar el rumbo.

Sentimientos frecuentes en un bajón anímico

Introspección

Mientras que en etapas de alegría surge con fuerza el deseo de compartir esas vivencias con los amigos, por el contrario, en un momento de bajón anímico, el deseo de mirar dentro de uno mismo se nota incluso en cómo la persona pone el foco de sus conversaciones en sí misma y en su deseo de ser escuchada. Es bueno vivir este proceso porque nos ayuda a ir poniendo palabras a nuestros sentimientos. El mundo interior no es material y visible, por tanto, cada elemento que lo compone no es tan fácilmente identificable como cuando nos movemos en el contexto material de las cosas.

En un momento de este tipo también pueden surgir pensamientos repetidos, ideas frecuentes que se aposentan en la mente y con las que debemos tener especial cuidado para no dejar que echen raíces en nosotros. Esta es una de las razones por las que, aunque es muy frecuente que una persona que está de bajón no tenga ganas de asistir a fiestas sociales y eventos multitudinarios, sí debe intentar distraerse con planes tranquilos y relajados. Estas vivencias te ofrecen un nuevo marco de realidad y te ayudan a no quedarte encerrado en ti mismo.

Cualquier persona, incluso la que tiene una mayor tendencia hacia el optimismo puede vivir momentos en los que se siente literalmente como si estuviera de bajón. Estar de bajón no significa sufrir una depresión. Las decepciones y los desencantos personales son muy humanos y cuando los vivimos, nos duelen y necesitamos un periodo de duelo para pasar página y sanar la herida.