Sentirse fuera de lugar
Existe una emoción que puede ser más o menos habitual en la vida de un ser humano pero que siempre, resulta incómoda. Muchas personas se han sentido fuera de lugar en algún momento de su vida, simplemente, porque se sintieron diferentes al grupo en el que estaban. Esta sensación se lleva mejor en la madurez que en la infancia o en la adolescencia, donde el rechazo del grupo influye de una forma negativa en la autoestima.

En situaciones más generales, una persona también puede sentirse fuera de lugar y diferente en base a las normas sociales que imperan en la sociedad actual. Es decir, alguien que tenga valores opuestos a los que dominan en la sociedad del bienestar, también puede tener la sensación de ir contracorriente. En esos casos, tiene que primar la satisfacción de ser auténtico, honesto y coherente con uno mismo.

Algunas personas evitan hacer planes con gente que no conocen demasiado, precisamente, por el miedo que les produce sentirse diferentes. Nada más lejos de la realidad, merece la pena afrontar el riesgo, porque sólo así es posible poner en práctica todos los recursos emocionales que surgen del autocontrol y del saber estar. Pero por supuesto, esta sensación de estar fuera de lugar es opuesta a la necesidad de pertenencia y de reconocimiento que tiene cualquier ser humano que necesita estar integrado en un grupo de amigos para poder vivir y ser feliz.

En general, siempre nos asusta sentirnos diferentes, pero en esencia, todo ser humano es único e irrepetible. Es decir, más allá de las semejanzas que existen entre la especie humana también existen diferencias evidentes, cualidades concretas que merece la pena potenciar. Precisamente, porque así como a veces, te sientes fuera de lugar, también existen ocasiones, en las que te sientes feliz y especial por estar rodeado de gente maravillosa.