Ser amable contigo mismo, un pequeño cambio con grandes resultados
La mayoría de nosotros no nos tratamos bien a nosotros mismos. Nos comparamos negativamente con los demás, nos criticamos e incluso nos insultamos y no somos capaces de ver nada positivo en nosotros. A veces, este sentimiento es tan intenso que llegamos a odiarnos a nosotros mismos, mientras que otras, simplemente, no nos gustamos. Esto, además de causarnos mucho sufrimiento, hace que nuestra vida nos resulte dura e ingrata y que nos sea difícil encontrar algo en ella que merezca la pena.

Creemos que, en estos casos, necesitaríamos un gran cambio para vivir la vida que queremos, sentirnos bien y ser aquello que queremos ser, pero realmente el cambio que necesitamos es pequeño y está al alcance de nuestra mano, ya que sólo tenemos que aprender a ser amables con nosotros mismos.

El primer paso para ello es prestar atención a las palabras que te dices a ti mismo y que, seguramente, no dirías a un amigo ni a alguien que quieres. Lo que nos decimos a nosotros mismos es mucho más importante de lo que pensamos, porque nuestro cerebro se lo cree. No se trata de juzgarnos a la ligera, ni de pensar que todo lo hacemos bien, sino de transformar la autocrítica negativa en positiva y motivadora.

Tener un tiempo para nosotros mismos también es importante. Basta con media hora en la que podamos escucharnos, serenarnos y valorar dónde estamos y cómo nos sentimos. Ello nos permitirá orientar con mayor facilidad nuestra vida.

Ten paciencia y sé comprensivo contigo mismo si las cosas no salen a la primera. Cada error es un aprendizaje.

Escúchate a ti mismo y no ignores tus sentimientos, sino hazte cargo de ellos. Permítete sentir lo que sientes, sin juzgarte y aprender a manejar los sentimientos dolorosos y las emociones negativas, en lugar de luchar contra ellas.