Ser autocrítico pero con medida
Ser autocritico es bueno pero por supuesto, en su justo grado y en su justa medida. De caer en la crítica constante hacia uno mismo, la persona puede vivir con sensación de inferioridad, culpa y cansancio porque las críticas, mal utilizadas, se convierten en una fuente de energía negativa. En un sufrimiento innecesario. Ser autocrítico, por supuesto, es un síntoma de una persona inteligente a nivel emocional, que es consciente de sus propios límites, por tanto, toma conciencia de ellos, y quiere evolucionar y mejorar.

Para ser autocrítico con uno mismo, en primer lugar, es indispensable hacer introspección y poder encontrar momentos de soledad para pensar. Muchas veces, las personas más exigentes consigo mismas son también, muy duras en su trato con los demás, porque las relaciones interpersonales pueden ser un reflejo del modo en que alguien se relaciona consigo mismo. Ser autocrítico no sólo implica hacer cambios en algunos momentos sino también, tener la capacidad de premiarte a ti mismo y de elogiarte porque te sientes satisfecho por haber realizado determinada acción. Toda crítica negativa tiene que estar compensada con un mensaje también positivo.

Por otra parte, detrás del espíritu de alguien autocrítico existe una persona exigente y perfeccionista. Cuida mucho el tono en el que te dices las cosas, ten paciencia contigo mismo, quiérete de verdad, no te conformes con dar el mínimo cuando puedes aspirar a mucho más. Ser autocrítico también implica asumir en algunos casos las críticas recibidas por parte de aquellos que te rodean. Lo ideal es afrontar la crítica como algo natural y no sufrir con ellas porque como ser humano eres mucho más complejo que el hecho puntual de poder tener una limitación.

La autocrítica se basa en el respeto hacia uno mismo, no en la destrucción, siempre que detrás de esas críticas existe una intención positiva.