Ser feliz es estar agradecido
La felicidad y la gratitud son dos bienes que se dan la mano. Es imposible ser feliz y no sentirte afortunado por todo lo que tienes, por los placeres de la rutina diaria, por esos pequeños milagros del día a día, por la belleza y el misterio que envuelve el universo… La gratitud ennoblece el corazón y también, lo mantiene joven. Por el contrario, al compás de la ingratitud surge la frustración, la rabia, el enfado, el resentimiento…

Ser feliz es estar agradecido, es una actitud ante la vida que en ocasiones, brota de una forma inconsciente cuando sientes que tanta bondad y tanta perfección te desborda. La gratitud refleja el hecho de tomar la vida como un regalo, la existencia se convierte en esa fascinante aventura que te hace sentir privilegiado por estar aquí y ahora.

Ser agradecido ante la vida implica tener la sensación de haber recibido mucho más de lo que uno ha dado. En este sentido, el simple gesto de nacer es una oportunidad que no todos los seres humanos tienen, por ejemplo, existen niños que se ven privados de este derecho como consecuencia del aborto.

¿Qué hacer para estar agradecido ante la vida? En primer lugar, valorar los grandes bienes que es posible tener: salud, amor, amistad y trabajo. En segundo lugar, no pierdas la capacidad de sorprenderte con los más mínimos detalles igual que cuando eras un niño. Los niños observan la realidad desde la perspectiva de la sorpresa y de la inocencia. Pero dentro de ti, sigue vivo tu niño interior, aunque tal vez, tengas que hacer un esfuerzo por rescatarle y salvarle del pensamiento negativo tan propio, en ocasiones puntuales, de la etapa adulta.

Ser agradecido implica aprender a dar las gracias: por un día bonito compartido en común con un amigo, por el trabajo bien hecho o por el amor.