Ser honesto con uno mismo
La honestidad es una cualidad que valoramos mucho en los demás. Una persona honesta se muestra tal cual es, dice lo que piensa, no finge, no engaña y se muestra transparente. Esto nos permite confiar en el otro, porque sabemos que se comporta con sinceridad y sin doblez.

A pesar de tener esta cualidad muy en cuenta cuando nos relacionamos con el otro, no siempre es así cuando lo hacemos con nosotros. A menudo, seamos conscientes de ello o no, no somos honestos con nosotros mismos ni tenemos un diálogo sincero con nosotros. Cuando esto ocurre, en cualquier área de nuestra vida, se produce una disonancia entre el corazón y la cabeza que nos impide ser felices, encontrar nuestro propio camino, ser leales a nosotros mismos y querernos y mostrarnos como somos.

Obstáculos a la honestidad

Como hemos dicho, en la mayor parte de los casos esta falta de honestidad no es consciente, sino que se debe a obstáculos contra los que todos luchamos y que no siempre son fáciles de sortear. Las malas experiencias que hayamos sufrido en el pasado, el miedo, la envidia, la ambición, la avaricia… son muchos los elementos que nos pueden llevar a tener un diálogo insincero con nosotros mismos, a hacernos perseguir metas que realmente no nos interesan ni nos hacen felices.

Cada uno, dependiendo de nuestras experiencias vitales, tenemos obstáculos diferentes que salvar y, hasta que no lo hagamos, no seremos honestos con nosotros mismos.

Cómo salvarlos

Ser honesto con uno mismo
Para hablar con uno mismo lo primero que tenemos que hacer es centrar la atención en nosotros, dejando a un lado todos los estímulos que nos apartan de ello. Desconectar de todo y darnos tiempo para reflexionar, para escuchar de verdad lo que nos decimos a nosotros mismos y no lo que creemos que nos decimos o lo que queremos escuchar.

Escuchémonos sin miedo, sin hacernos reproches, valorando y teniendo en cuenta lo que pensamos, sentimos y deseamos realmente, permitiéndonos, de verdad, ser nosotros mismos.