Ser impaciente y anticiparte al futuro
La tendencia humana, especialmente, en la sociedad actual, es la de pensar en el futuro, tanto que esta forma de vivir, nos impide disfrutar de verdad del momento presente porque para poder ser feliz ahora, es indispensable estar concentrado de verdad en la realidad. La impaciencia nos lleva siempre a querer las cosas ya, perdiendo de vista que en la vida, cada cosa tiene su propio ritmo y su propio ciclo, por ello, en más de un momento, lo oportuno es esperar. Y no desesperar en ese proceso. ¿Cómo ser menos impaciente?

En primer lugar, aprendiendo la lección que te da la propia vida. Piensa en todo aquello que pierdes por ser así: falta de tranquilidad interior, insatisfacción, una exigencia desmedida, falta de flexibilidad… Todos estos elementos son un lastre muy potente a nivel emocional y merece la pena aprender a vivir desde la calma.

Evita decirte a ti mismo frases del tipo “soy impaciente” porque al final, este tipo de etiquetas terminan convirtiéndose en verdades absolutas que te definen en todos los ámbitos de tu vida porque tú te predispones a ello. Recuerda que como persona puedes cambiar, pero ese cambio, supone un esfuerzo extra que es fundamental asumir en primera persona. Analiza en qué campos de tu vida sí has tenido más capacidad de espera. En general, las personas son más pacientes en el amor puesto que el sentimiento inicial y el deseo aporta una fuerza que parece derribar todos los obstáculos externos. Intenta aplicar esa fuerza a otros planos de tu vida pensando en el objetivo.

Entiende que cuando algo se hace esperar, también lo disfrutas y lo valoras mucho más: piensa en los grandes triunfos de tu vida, en esos objetivos que te costó mucho conseguir. El premio, luego compensa cualquier demora.