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Ser optimista no siempre es una tarea fácil, especialmente, en medio de la adversidad. Cuanto más compleja sea la situación de una persona, más esfuerzo tiene que hacer por sobreponerse a ese dolor que le mata por dentro. Pero la contradicción entre mente y corazón llena de matices, también, la filosofía del optimismo. Existen personas que de corazón, son muy optimistas, sin embargo, una vez que racionalizan esos sentimientos, la cosa cambia, y la situación empeora.

Cómo ser optimista de corazón

Intenta escuchar tu corazón porque muchas verdades internas tienen un gran peso a modo de intuiciones aunque no sean racionalizadas. Por otra parte, busca una forma de canalizar toda esa energía sentimental que está dentro de ti. Por ejemplo, puedes hacerlo a través del arte. Además, el corazón también refleja el poder de los sentimientos en la felicidad. Por ello, una forma de desarrollar el optimismo a nivel sentimental, es expresar el afecto, decir frases bonitas, expresar mensajes de cariño a los demás. Este gesto muestra una gran inteligencia emocional que se desarrolla, simplemente, a través de la práctica.

Ser optimista de mente y corazón

Tener una mente positiva

Lo importante es que mente y corazón caminen en armonía, por ello, los pensamientos positivos tienen que ir de la mano de sentimientos agradables. Cuando un sentimiento venga a tu corazón, no lo anules a través de la razón, no boicotees tu propio modo de sentir. Por ello, elimina de tu vocabulario la expresión: “No puedo”.

Cuida tu diálogo interno porque en ocasiones, el pesimismo surge de un diálogo totalmente destructivo con uno mismo. La alegría también se contagia por ello, rodéate de personas que son generosas, sonríen con facilidad, tienen sentido del humor, tienen una energía positiva… Y evita en la medida de lo posible, dejarte absorber por todos aquellos que ven la vida de color negro.