Sinceridad y verdad van de la mano
La sinceridad te aporta un grado de libertad interior que es extremo y te hace muy feliz en tanto que eres capaz de mostrarte tal y como eres delante de los demás, y también, contigo mismo. De hecho, la felicidad de un ser humano se muestra en parte porque es capaz de mostrarse del mismo modo cuando está acompañado o en soledad, es decir, no se deja llevar por una dualidad extrema. La sinceridad y la verdad van de la mano.

Son términos que de una forma metafórica te conectan con la luz que necesita tu alma para poder brillar en un estado de felicidad elevado. Piensa por ejemplo, en la tristeza de llevar una doble vida en donde el sujeto tiene que andar ocultando y escondiendo partes de sí mismo dependiendo del ámbito en el que se encuentre. Lo cierto es que vivir a escondidas no tiene nada de emocionante, otro tema muy distinto, es que la intimidad implica mantener para uno mismo valores, vivencias y recuerdos que tienen un valor inmenso y que forman parte de la intimidad. Algunos de esos momentos, se comparten en un grado de sinceridad extremo con personas de máxima confianza a las que se quiere de verdad.

La sinceridad puede ser aplicada a contextos diferentes, pero conviene tener un término positivo de la misma. Es decir, ser sincero no significa considerarte en el derecho ni en la soberbia de ir por la calle diciendo a todo el mundo lo primero que piensas. Además, también existen otros aspectos abiertos a debate. Por ejemplo, ante una enfermedad, algunas familias optan por ocultar al enfermo la gravedad de su situación. Se trata de una decisión totalmente respetable que está basada en el amor.

Otras personas en cambio, también se oponen a este punto de vista ante el derecho que supone conocer la verdad de uno mismo. Se trata de un tema difícil de resolver sencillamente, porque cada uno tenemos nuestra opinión al respecto en base a cómo nos gustaría vivir.