Situaciones que ponen a prueba nuestra inteligencia afectiva
En nuestra rutina cotidiana, todos somos conscientes de cuál es nuestro punto débil. Y pese a que a nivel social, la mayoría de la gente interpreta que un ejemplo de falta de inteligencia emocional es perder las formas en una discusión, la realidad es que nuestra inteligencia afectiva es tan sutir y presente en las distintas esferas que puede condicionarnos en otros muchos ejemplos de situaciones que son relativamente habituales. Seguramente, todos hemos vivido alguna de las siguientes situaciones.

¿Quién no ha perdido más tiempo del necesario dando vueltas a un comentario que alguien le ha dicho y que le ha amargado literalmente el día?

Situaciones que nos ponen a prueba

¿Cuántos momentos perdemos por dar más autoridad de la que debemos a personas extrañas que nos dicen algo que rompe nuestros esquemas? Existe una virtud muy valorada en las personas: la de la prudencia. Sin embargo, no deberíamos dar por supuesto que todas las personas son prudentes. No todas las personas son prudentes para saber dónde está el límite del buen gusto en un comentario. Sin embargo, tú sí eres libre para decidir qué respondes.

La ira que se esconde detrás de la ironía también es un ejemplo de baja inteligencia emocional. ¿Con cuánta frecuencia, un mensaje irónico esconde una información que se intenta disimular en un tono más amable? ¿Por qué dar tantas vueltas cuando es mejor expresar un desencanto de un modo claro y directo?

Situaciones que ponen a prueba nuestra inteligencia afectiva
En otros casos, otro ejemplo de baja inteligencia emocional es el de aquella persona dispuesta a ofrecer un repertorio de reproches a su entorno pero no tiene la misma predisposición para la escucha. Convierte su punto de vista en una verdad absoluta y juzga a los demás desde este rol de superioridad.

Un error habitual es el de caer repetidamente en el fallo de decir sí cuando en realidad, querías decir no. Algunas personas se culpan a sí mismas de enlazar este error. Cuando esto nos ocurre, debemos ser conscientes de que solo nosotros somos responsables de ello.

Además, también es posible reprimir el enfado. Es decir, intentar mostrar una normalidad con alguien pero, a nivel interno, tener una especie de volcán en erupción interior que es fruto de esa rabia acumulada que está siendo reprimida y alimentada por pensamientos negativos.

No todas las personas nos caen bien. Y es mejor asumirlo como algo natural. Sin embargo, una situación que pone a prueba nuestra inteligencia afectiva es tener la capacidad de trabajar con normalidad con un compañero de trabajo con el que no tenemos afinidad. Este se convierte en el punto débil de muchos profesionales que se obsesionan con esta situación, perdiendo de vista que en el sueldo, no entra la cláusula de que los compañeros van a ser además, grandes amigos.

Situaciones que ponen a prueba nuestra inteligencia afectiva

Identifica tu punto débil

Generalmente, cada persona tenemos nuestro propio punto débil, esa situación que se repite de un modo relativamente recurrente. Reflexiona sobre cuál es tu caso. Y a partir de ahora, intenta tomarte esa situación con más distancia y sentido del humor.