Solo sé que no sé nada
“Solo sé que no sé nada” esta fue una de las grandes afirmaciones de uno de los filósofos más grandes de la historia de la filosofía: Sócrates mostró cómo la ignorancia, el desconocimiento de todo aquello que no sabemos es uno de los primeros pasos de conocimiento. Aquella afirmación socrática adquiere luz en el contexto vital de muchas situaciones de nuestro día a día en las que sencillamente, tenemos la sensación de no saber, de no entender o de no comprender algo.

El pensamiento de Sócrates

Esto sucede porque nuestro conocimiento llega hasta un punto pero no puede abarcarlo todo. Con frecuencia, tener la humildad de reconocer la ignorancia nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, a no dar cosas por supuestas o a no hacer deducciones equivocadas como hacemos con tanta frecuencia en nuestro día a día cuando no nos paramos a pensar las cosas.

Solo sé que no sé nada

La duda

Otro gran pensador también apeló a la duda como una certeza existencial: Descartes. Célebre es su mensaje: “Pienso luego existo”. La duda es muy humana pero nos hace sentir incómodos porque produce emociones que no siempre son fáciles de gestionar. La vida es un misterio en el más amplio sentido de la palabra, una aventura en la que vamos encontrando nuevas certezas a base de solucionar dudas previas. Adelantarnos al ritmo de la realidad no siempre es bueno y hay que ser paciente para ser fiel al mensaje socrático que nos recuerda “que solo sé que no sé nada”.

La duda y la sensación de ignorancia son muy positivas porque nos ayudan a vivir de una forma consciente evitando posicionarnos en un rol equivocado. Vive haciéndote preguntas a ti mismo, cuestionándote cosas que habías dado por supuesto y observa la realidad como el guía que determina tu mapa del mundo.