Sueña con los pies en la tierra
Es indudable que soñar nos ayuda a mejorar y prosperar. Tener un sueño e intentar llevarlo a cabo es una de las experiencias más motivadoras que podemos tener y que nos van a reportar mayor satisfacción. Mientras soñamos, visualizando en nuestra cabeza la experiencia de haber logrado nuestro objetivo, nos estamos motivando y orientando a nuestro cerebro a poner en marcha todas las estrategias y mecanismos necesarios para llevarlo a cabo.

El problema es cuando nos quedamos ahí, en el sueño y la fantasía y no pasamos a la práctica. Por mucho que la fantasía nos resulte una herramienta realmente útil, es la práctica la que nos va a poner en contacto con los posibles obstáculos que encontramos en nuestro camino a nuestro objetivo y nos va a exigir encontrar soluciones creativas para superarlos.

Es la práctica, también, la que nos va a ayudar a aprender, mediante aciertos y errores, cuál es el camino correcto y nos va a dar un bagaje de experiencia que nos va a permitir aspirar a metas cada vez más altas.

Si no damos ese paso a la práctica, si sólo vivimos nuestros sueños en la cabeza, nos conformaremos una visión que poco o nada tendrá que ver con la realidad. En nuestra cabeza todo es sencillo porque somos nosotros quienes creamos la visión o la fantasía. En la realidad nos esperan los desafíos.

Muchas personas temen dar este paso porque tienen miedo a equivocarse o a que el proyecto no tenga el resultado esperado. Pero equivocarse no es algo negativo, sino que nos va a ayudar a descubrir nuestras carencias o lagunas, para poder subsanarlas y continuar a la búsqueda de nuestro objetivo. Además, nos va a permitir explorar todas nuestras habilidades y recursos, ayudándonos a conocernos mejor y a hacernos más fuertes desde el punto de vista psicológico.