Superar el pasado a través de viejas fotografías
Nuestra forma de ser cuando somos adultos no es una casualidad, sino que viene dada tanto por las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra niñez y juventud como por el entorno familiar en el que nos hemos desarrollado. Estas experiencias unas veces fueron positivas y nos aportaron seguridad y confianza en nosotros mismos pero otras fueron negativas, e incluso traumáticas, lo que ha minado nuestra autoestima, generando miedos e inseguridades que arrastramos hasta la edad adulta y que influyen en gran medida tanto cómo nos comportamos como en nuestro carácter y personalidad.

Volver a estas recuerdos no es sencillo, y, si resulta muy doloroso, lo mejor es acudir a un terapeuta para lograr conectar con aquellas vivencias y verlas con los ojos del adulto, comprender por qué los demás actuaron como lo hicieron, por qué nosotros hicimos lo que hicimos y perdonar a los demás y perdonarnos a nosotros mismos para poder evolucionar como adultos.

Si no nos resulta demasiado doloroso, podemos hacerlo contemplando fotografías de cuando éramos niños, repasando los recuerdos y sensaciones que nos evocan, cómo sentimos a quienes nos acompañan en las fotografías y cómo nos sentimos a nosotros mismos.

En cómo sintamos a los demás, nuestros padres, hermanos, tíos, si los sentimos cercanos o lejanos, fríos o distantes, cómo nos sentíamos a su lado, podemos encontrar la raíz de nuestra timidez, nuestra dificultad para confiar en los demás, para mostrarnos como somos…

Estas fotografías evocarán otros recuerdos de la infancia que nos impactaron. No debemos luchar contra ellos, ni reprimirlos, sino simplemente sentir la tristeza, o la rabia, sin culparnos por ello y comprendiendo que pertenecen al pasado. Lo haremos comprendiendo que ahora tenemos más libertad para decidir cómo actuar, que somos adultos y que podemos tomar decisiones y riesgos que de pequeños no era posible.