Superar el síndrome de Cenicienta
Cuando somos pequeñas los cuentos de hadas nos cuentan historias sobre princesas desgraciadas que son rescatadas por príncipes encantadores con los que se casan y viven felices para siempre. Cuando crecemos, estos argumentos se trasladan al cine, donde todas las comedias románticas tienen un final feliz después de que los protagonistas hayan atravesado muchas vicisitudes.

Estos arquetipos transmitidos por la literatura y el cine hacen que muchas mujeres sean desgracias en sus relaciones de pareja, ya que esperan a un príncipe azul que haga que su relación sea perfecta. Y esta esperanza de perfección hace que les sea imposible establecer una relación con alguien real, alguien con defectos y virtudes, como todos. A la larga, la idealización de la pareja soñada aumenta, lo cual conlleva a una gran frustración que lleva a caer en la desesperanza y a resignarse a una vida en soledad ante la imposibilidad de hacer real una ficción.

Otras veces la creencia en el príncipe azul oculta un gran miedo al amor o miedo al compromiso. En estos casos la idealización de la pareja perfecta hace que la mujer termine cualquier relación en cuanto aparece el primer obstáculo o sufre la primera decepción, siendo incapaz de establecer una relación de pareja duradera.

Finalmente, el síndrome de Cenicienta tiene un componente de fantasía de rescate. Se trata de mujeres insatisfechas con su vida, su trabajo o sus relaciones sociales que esperan que la llegada de un príncipe azul las salve de su vida triste y frustrante, haciendo que todo sea mágico y maravilloso. Instaladas en esta fantasía, estas mujeres no luchan por mejorar y salir de su situación, sino que se pasan la vida esperando algo que no llegará.

Aceptar la realidad, aceptar que nada es perfecto, pero que ello no impide que podamos ser felices es el primer paso para abandonar este síndrome y comenzar a construir una vida sentimental auténtica.