Superar la autocompasión
En la vida de toda persona se dan situaciones duras de las que a veces le resulta imposible salir: un fracaso sentimental, la muerte de un ser querido, la pérdida del empleo, etc. Es normal que ante un hecho de este tipo nos sintamos hundidos durante un tiempo, pero poco a poco deberemos ir recuperando nuestra motivación y las ganas de vivir. Si no es así, y nos encontramos al cabo del tiempo incluso peor que cuando sucedió el hecho, puede que estemos cayendo en la autocompasión.

Cuando nos autocompadecemos nos victimizamos, es decir, nos vemos como marionetas a merced del destino que puede volver a golpearnos en cualquier momento. Esto a su vez nos lleva a sentirnos impotentes, lo que se transforma en un nuevo episodio de autocompasión que de nuevo genera impotencia, rabia, frustración y depresión. Y si no hacemos nada al respecto, podemos continuar sintiéndonos así durante mucho tiempo.

Para superar la autocompasión, lo primero que debemos asumir es que las dificultades y los malos momentos suceden en la vida de todas las personas, y que la situación por la que estamos atravesando no se debe al hecho de que los dioses o el destino nos tengan manía.

También debemos tener en cuenta que, aunque no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, sí podemos controlar cómo nos sentimos con aquello que nos sucede. Por lo tanto, si estamos inmersos en una situación que nos disgusta, deberemos trazar un plan de acción para salir de ella viendo los recursos de que disponemos para lograrlo.

Finalmente, otro de los puntos que deberemos cambiar es el lenguaje. Evitaremos expresiones como “no puedo evitarlo”, “esto es terrible para cualquiera”, “nunca tendré suerte”, cambiándolas por otras que nos hagan sentir que podemos hacernos con la situación como “esta vez” o “puedo”. etc.