Superar momentos de incertidumbre
Cuando no sabemos qué va a ocurrir, bien porque estamos esperando alguna noticia o porque nos encontramos en una situación nueva para nosotros, surge la incertidumbre. Por un lado, esperamos que se cumplan nuestras expectativas, aunque sabemos también que puede no ser así. Por otro, tememos eso, precisamente, que no se cumplan o que nos ocurra algo inesperado, y nos preguntamos si podremos manejar la nueva situación a la que nos veamos abocados.

La incertidumbre siempre conlleva cierto nerviosismo mezclado con esperanza, pero a veces, dependiendo de lo que sea que esperemos, puede tornarse angustiosa, sobre todo si no confiamos mucho en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

En estos casos el nivel de angustia puede ser mayor de lo que podemos manejar, impidiéndonos casi pensar, agotándonos física y mentalmente e incluso paralizándonos en la toma de decisiones, debido al miedo que nos causa la posible resolución de la situación.

Para aprender a manejar la incertidumbre, lo primero que debemos hacer es recordar que no siempre los escenarios que imagina nuestra mente son reales. Cuando miramos el futuro con miedo y angustia, nuestro cerebro construye hipótesis negativas sobre todo lo que puede ocurrir, lo cual a su vez aumenta la angustia, que recarga el contenido negativo de los escenarios que fabrica nuestra mente, hasta poder llegar a auténticos ataques de angustia.

Es importante comenzar deteniendo los pensamientos negativos, y después analizándonos, oponiendo nuestras hipótesis más catastrofistas a los hechos objetivos. Si aún así no logramos calmarnos, lo mejor es ponerse en el peor de los escenarios posibles, e imaginar qué sucedería si se cumpliera. Una vez que nuestra mente ha hecho ese ensayo, la angustia decrece y podremos esperar con mayor tranquilidad.