Aceptar una enfermedad crónica
Cuando el médico nos informa de que padecemos una enfermedad crónica, sobre todo si nuestra calidad o estilo de vida se va a ver afectada, no siempre es fácil aceptar este hecho. Más aún, lo habitual es que nos enfademos preguntándonos por qué nos ha tenido que tocar a nosotros, buscando a quien culpar por ello, ya sea a nosotros mismos o a quienes nos rodean.

Una vez pasado este periodo, comenzaremos a aceptar que realmente padecemos dicha enfermedad. Normalmente esta aceptación parece tener una significación negativa, en el sentido de que nos resignamos a nuestro destino, pero no es así. Una vez que aceptamos nuestra dolencia, si esa aceptación es positiva, ello puede ayudarnos a adaptarnos a las nuevas condiciones en las que se desarrollará nuestra vida en ese momento para evitar, en la medida de lo posible, que dicha enfermedad nos impida ser felices y disfrutar de nuestra vida.
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Practica la aceptación
Aceptar un premio, un elogio o algo agradable resulta fácil y positivo. Aún así, conviene precisar que existen personas que se sienten muy incómodas al recibir un piropo porque no han estado acostumbradas a ese tipo de acciones por parte de los demás. Es decir, la sociedad nos inculca que es más fácil criticar lo negativo que elogiar lo positivo.

Sin embargo, no es tan fácil aceptar un castigo, una situación de dolor, una enfermedad, un despido laboral… La aceptación implica asumir la realidad tal y como es, sin pretender cambiarla. La voluntad, por pura inercia, se enfrenta ante aquello que la razón no comprende al cien por cien. El arte de la aceptación es difícil, sin embargo, es el único camino que se puede poner en práctica a la hora de aprender a vivir en plenitud, no sólo los momentos de éxito, sino también, los de debilidad.
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Aceptar lo que somos
En muchos momentos a lo largo de nuestra vida no nos comportamos o no reaccionamos como nos gustaría. Perdemos el control, actuamos de forma inmadura o egoísta, nos volvemos intolerantes o hacemos daño a los demás, incluso a las personas que más nos importan. Una vez que lo hemos hecho, no siempre somos capaces de aceptar que, efectivamente, nos hemos comportado así o que tenemos determinados defectos.

En estos casos, buscamos a quien responsabilizar del hecho o negamos tozudamente lo ocurrido, lo ocultamos o incluso mentimos, para de este modo poder negarnos a nosotros mismos que somos responsables de dicha conducta y, sobre todo, ser capaces de eliminar los sentimientos negativos que el hecho ha generado en nosotros.

Sin embargo, aunque en un primer momento esto nos produce alivio, el no admitir esto en nosotros nos llevará, en primer lugar, a repetir la conducta que no nos gusta siempre que dé un hecho parecido y, en segundo, nos impide desarrollar todo nuestro potencial y ser auténticamente nosotros mismos.
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Mejorar la aceptación interna
Nadie puede ser feliz, sin aceptarse previamente a sí mismo. De lo contrario, se corre el peligro de vivir centrado en la exterioridad sin tener respeto hacia uno mismo en base a la propia dignidad. Pero a veces, la falta de aceptación interna tiene su causa en carencias afectivas que proceden de la infancia. Por ejemplo, un niño que ha recibido constantemente las críticas de sus compañeros de colegio, tendrá que hacer un gran esfuerzo en la etapa adulta por considerarse digno de valor y merecedor de la amistad.

Aquello que los demás te hacen creer de ti, te influye pero no te determina. Por tanto, debes ir más allá para rodearte de las personas adecuadas. Del mismo modo, un modelo educativo de autoridad extrema puede no ser el más adecuado para generar el clima de cariño que necesita un niño. La aceptación interna es positiva y por suerte, depende únicamente de ti.
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Aceptar lo que no podemos cambiar
Uno de los aprendizajes más importantes que debemos llevar a cabo es aprender a aceptar lo que no podemos cambiar ,lo cual es, sin duda, de una de las cosas que más nos cuesta hacer. Cuando somos pequeños y las cosas no salen tal y como deseamos, nos frustramos y, de adultos, muchas veces nos sigue ocurriendo lo mismo. Queremos controlarlo todo y modificar las cosas a nuestra conveniencia, p para que siempre sean favorables para nosotros mismos, pero, indudablemente, hay muchas cosas que no podemos cambiar.

Aceptar que hay cosas que no podemos cambiar significa aceptar que somos limitados y que no podemos hacerlo todo, aceptar que hay personas a las que caemos bien y otras no, aceptar que unos nos quieren y otros no, e incluso aprender a aceptar la enfermedad o la muerte de un ser querido.
Aprender a aceptar esto nos va a liberar de mucho dolor y de mucha frustración a lo largo de nuestra vida, así como de mucho sentimiento de culpa al saber que no podemos ser responsables de cosas que escapan a nuestro control.
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Consejos para aceptar tu cuerpo
Muchos de nosotros tenemos idealizado un “cuerpo perfecto”, ese problema somete a las personas a intentar alcanzarlo con múltiples presiones perjudiciales para su salud tanto física como mental. Debes evitar caer en esa actitud, toma buena nota de estos consejos y comienza a modificar la relación con tu propio cuerpo.

Lo primero que debes hacer es aceptarte tal como eres, seguro que tu singularidad te hace ser especial. Cada ser humano es único en relación a su forma, rasgos, estatura y peso. Por lo tanto, no existe la forma perfecta. Comienza por mirarte en el espejo, acepta tu cuerpo tal como es, no intentes modificarlo si no es posible.

En todo momento es bueno ser realista, la perfección es utópica, pues no existe, procura buscar un cuerpo posible, no perfecto. Debes tener claros tus objetivos, para poder sacar lo mejor de ti. Disfruta de lo que tienes y no exijas lo imposible. Reconcíliate con el espejo. No permitas que mirarte en el espejo se convierta en una tortura. Utilízalo para conocerte mejor, no para criticarte.
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