Cómo tratar con un hijo adolescente
Hablar con un hijo adolescente no resulta fácil. Los múltiples cambios físicos y mentales que se producen a esa edad hacen que se encierren en sí mismos, se sientan incomprendidos y que los padres están continuamente inmiscuyéndose en su vida, sus decisiones y su intimidad.

Esta dificultad, sin embargo, no debe impedirnos intentarlo, ya que una buena comunicación con nuestro hijo, aunque no sea muy fluida, puede ayudarnos a evitar problemas en el futuro, además, de fortalecer la confianza y mejorar las relaciones una vez haya terminado dicha etapa.
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La depresión en los adolescentes
Habitualmente, consideramos la depresión como una enfermedad asociada sobre todo a la edad adulta o a la tercera edad. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que también es frecuente que la depresión aparezca en niños y, sobre todo, en adolescentes.

En la adolescencia, la depresión suele estar ligada al proceso de maduración y al estrés que este conlleva, debido a los conflictos con los padres para lograr la independencia, a sentir que no pertenece a ningún grupo o que no se encaja en la sociedad, la timidez, etc., todo ello son factores que pueden dar lugar a un estado anímico depresivo en esta etapa de la vida, así como situaciones a las que el adolescente puede tener que hacer frente, como el acoso escolar, el divorcio de los padres, etc.
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Trastorno disocial en niños y adolescentes
Dentro de los distintos tipos de trastorno disocial que existen podemos encontrar uno que se inicia en la infancia, antes de los diez años de edad, habitualmente a los cinco o seis años y que hace que el niño que lo sufre tenga relaciones problemáticas con sus compañeros y utilice la violencia física con quienes les rodean violando sus derechos básicos. Se puede dar tanto en niños como adolescentes.

Es habitual que estos niños, ya que el trastorno es más frecuente en ellos que en las niñas, presenten comportamientos como peleas, intimidaciones, crueldad hacia los animales, destrucción de propiedad ajena, robo, faltas a la escuela, etc. Además de estos comportamientos, estos niños suelen presentar una autoestima muy baja, poca tolerancia a frustración, irritabilidad e imprudencia.
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Coaching para adolescentes
Estamos acostumbrados a considerar el coaching como un instrumento que nos va a ayudar a lograr una vida plena como adultos, mediante el desarrollo de todo nuestro potencial y la superación de nuestros miedos, en cualquier ámbito de nuestra vida.

Pero no somos sólo los adultos los que podemos experimentar los beneficios del coaching. También los niños y, especialmente, los adolescentes, pueden encontrar en esta herramienta un modo de orientar su vida de un modo satisfactorio y de superar el periodo de la adolescencia de una forma más positiva.

No en vano, la adolescencia es una de las etapas más complicadas del desarrollo del ser humano, y no siempre bien comprendida por los adultos. Los adolescentes ya no son niños y se abren a su mundo de adultos, tienen que tomar decisiones en torno a su futuro profesional, se abren a nuevas experiencias, etc.
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Técnicas de relajación para adolescentes
La adolescencia es una época de grandes cambios, tanto a nivel físico como emocional, lo que hace que muchos adolescentes muestren un alto grado de ansiedad y de irritabilidad tanto en las relaciones familiares, como con los amigos o en los centros educativos que muchas veces hace que el trato con ellos sea realmente complicado.

Para evitar llegar a estas situaciones, los adolescentes pueden poner en práctica unas sencillas técnicas de relajación específicamente diseñadas para ellos para poder reducir la ansiedad y así evitar las explosiones emocionales, tan habituales en ellos, además de poder controlar los nervios en circunstancias que les resulten estresantes.

– Respiración: Se comienza inspirando muy lentamente, dejando que el aire penetre por los pulmones hasta el abdomen. Mientras inspiramos, notamos cómo éste se hincha, para que la respiración sea lo más relajante posible, imaginándonos que es un globo que se hincha. Después, lentamente también, expiramos, imaginando cómo ese globo se va deshinchando. Repetimos esta respiración y visualización varias veces hasta que nos notemos relajados.
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