Agradar a los demás
Está claro que cualquier persona tiene que encontrar el equilibrio entre vivir en sociedad y en soledad. De nada sirve que te encierres en ti mismo porque tarde o temprano, tendrás que dar la cara para encontrarte con otro ser humano ya sea a través del amor, la amistad, la familia o también, por motivos de trabajo. Sin embargo, en esta balanza que se establece entre la vertiente individual y relacional del ser humano, es indispensable encontrar el equilibrio.

Pero siempre es más importante que intentes agradarte a ti mismo que a los demás. Se trata de vivir y de ser feliz de acuerdo a tus valores, a tus intereses, a tu sentido común… Pero en cambio, muchas personas viven únicamente pensando en agradar a los demás. Este gesto se muestra a través de diferentes comportamientos. Por ejemplo, cuando no das un paso importante por el miedo al que dirán. La realidad es que al compás de ese miedo, los años pasan de forma rápida. Y tu presente se escapa sin disfrutarlo de verdad. Si algo es importante para ti, hazlo. Aunque el precio que tengas que pagar sea alto.
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Vivir agradando a todos
Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de agradar y caer bien a ciertas personas, sobre todo cuando entramos en un círculo social diferente al nuestro habitual. En un nuevo trabajo, un nuevo gimnasio o cuando conocemos a nuevos amigos, queremos caer bien para ser aceptados y poder formar parte del grupo, algo necesario para nuestra autoestima.

El problema surge cuando esta necesidad de agradar nos hace traicionarnos a nosotros mismos, hacer cosas que van contra nuestros principios, que nos resultan humillantes o incluso desaparecer y anularnos como persona. Actuamos así porque dependemos emocionalmente del hecho de caer bien y agradar a los demás, de lograr que ellos tengan una buena opinión de nosotros.

Si cuando vas a una tienda compras lo que sea si el vendedor es un poco agresivo, o pides perdón y dices lo siento por todo, o cambias tus opiniones para que coincidan con las de los demás y así evitar ser rechazado, tu necesidad de agradar es excesiva.

Lo más saludable desde el punto de vista psicológico es encontrar el equilibrio entre agradar a los demás y no traicionarnos a nosotros mismos.
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