¿Por qué conducir nos vuelve agresivos?
Por muy tranquilo que sea nuestro carácter y muy cívicamente que nos comportemos cuando somos peatones, es indudable que casi a la práctica totalidad de los seres humanos el simple hecho de sentarse al volante de un coche, poner en marcha el motor e incorporarse a la circulación, le supone una transformación en su carácter, volviéndose mucho más agresivos e impacientes, incluso aunque no tengamos ninguna prisa. Y la agresividad no termina ahí, porque no es raro presenciar altercados violentos, tanto verbal como físicamente entre conductores. ¿Por qué ocurre esto?

La principal razón, que muchas veces se nos olvida, sobre todo si somos conductores habituales, es que conducir es una actividad estresante que genera mucha tensión. Tenemos que ir pendientes de muchos elementos para llegar bien a nuestro destino y ello, indudablemente genera tensión, la cual se incrementa en gran medida si tenemos que llegar a una hora determinada, como cuando vamos a trabajar o si tenemos que sufrir atascos interminables cada día.
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¿Invitas a los demás a tratarte mal?
Muchas veces nos quejamos de que los demás nos tratan mal, con mucha agresividad o nos faltan al respeto, ya sea en nuestra propia familia, en el trabajo o en cualquier otro ámbito. Y lo que más nos sorprende es que esas mismas personas tratan a los demás de forma distinta, con más respeto y educación. Por mucho que le damos vueltas a la situación, no podemos explicar la razón de esto y es, sencillamente, que muchas veces nosotros estamos, sin darnos cuenta, dando a entender a los demás que a nosotros se nos puede tratar mal.

Todos hacemos frente todos los días a personas agresivas, que intentan imponerse o abusar de nosotros, y dependiendo de cómo respondamos, ellos continuarán en su actitud o la cambiarán.

Si, por ejemplo, cuando el otro hace un comentario que nos hiere o actúa de forma que nos sienta mal y le quitamos importancia al hecho e incluso sonreímos pretendiendo que no ha pasado nada, la información que recibe el otro es que nos puede hacer daño con total libertad, sin sufrir ninguna consecuencia, ni siquiera un pequeño enfado, por nuestra parte.
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