Cómo influye la alimentación en el estado de ánimo
Existe una relación constante entre cuerpo y mente. Así como es posible somatizar un malestar anímico como el estrés, del mismo modo, la alimentación diaria también produce un efecto directo sobre el estado de ánimo. Uno de los beneficios más importantes de una alimentación variada y equilibrada es la alegría. Una alegría que no solo se produce a partir del cuidado físico sino que también está asociada con el placer de comer bien.

El placer es uno de los componentes de la felicidad y existen distintos tipos de deleites saludables, uno de ellos, es aquel que nos recuerda que cuando preparamos un menú no solo tenemos que fijarnos en los ingredientes sino también, en cómo disfrutamos de ese plato.
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¿Con qué te comes las emociones?
Acabas de discutir con un amigo o con tu pareja. No ha sido una discusión importante y no tendrá repercusiones, pero tú te sientes dolido o dolida por lo sucedido. Sin pensar en cómo te sientes, te dice a ti mismo que estás bien, que no te importa lo ocurrido y cuando llegas a casa te diriges directamente a la nevera o a la despensa, coges un helado de chocolate o una bolsa de patatas fritas y te lo comes casi entero esperando así liberarte de la angustia, la pena o la rabia.

Cuando comemos porque nos sentimos tristes, disgustados, rabiosos, enfadados…, no lo hacemos porque tengamos hambre, sino que nos estamos alimentando emocionalmente, es decir, en lugar de sentarnos y saber cómo nos sentimos y ayudarnos a nosotros mismos a manejar, reconocer o aceptar dichas emociones y sentimientos, ya sea solos o en compañía. Con ello, sin darnos cuenta, intentamos hacerlos desaparecer bajo la comida.
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