Rasgos habituales del rol de la autocompasión
Detrás de los comportamientos de una persona que se compadece de sí misma de un modo habitual existe también la manipulación emocional de quien se posiciona ante los demás como víctima que desea ser salvada. Existen situaciones muy difíciles de la vida en las que la autocompasión puede ser casi como un mecanismo inconsciente de supervivencia. Sin embargo, muchas de las personas que adoptan este rol caen en el error de victimizarse como único objeto de sufrimiento.

Es decir, les falta tener empatía para mirar a su alrededor y observar historias de la vida. Historias de otros con esperanzas, heridas, anhelos, deseos cumplidos y miedos. Desde su posición, lo llevan todo al plano personal. Y desde esta perspectiva es difícil no dramatizar.
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El lado positivo de la autocompasión
Estamos acostumbrados a considerar la autocompasión como algo negativo y, en muchos casos, indudablemente, lo es. Compadecernos a nosotros mismos nos puede llevar a no cambiar nada de aquello que nos daña, nos molesta o no nos gusta de nosotros mismos.

Nos limitamos a sentarnos y autocompadecernos de nuestra mala suerte, de que nunca hemos tenido una oportunidad, de que los demás tienen oportunidades que no tenemos porque no tenemos “padrinos”, dinero o cualquier otro aspecto que se nos ocurra. Este pensamiento nos consuela, porque nos quita responsabilidad con respecto a nuestra propia vida, pero nos impide cambiar, mejorar y dirigirnos hacia lo que realmente queremos.
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