Mejora tu autocontrol con afirmaciones positivas
No siempre podemos controlar con facilidad nuestras emociones y, sin darnos cuenta, la ira, el miedo o la angustia toman el control y actuamos de forma impulsiva y explosiva, haciendo o diciendo cosas de las que después nos arrepentiremos. Lograr el autocontrol para no perder la calma en estos momentos no siempre es sencillo y requiere mucha práctica y una gran determinación para lograrlo, pero encontraremos una gran ayuda para mejorar nuestro autocontrol en las afirmaciones positivas.

En muchas ocasiones pensamos que las afirmaciones son meras repeticiones que realizamos de forma más o menos mecánica y sintiéndonos más o menos ridículos al realizarlas, dependiendo de la confianza que tengamos en ellas. Pero las autoafirmaciones positivas tienen un gran poder sobre nuestro cerebro porque están basadas en el uso del lenguaje y en cómo nos dirigimos a nosotros mismos, algo que tiene mucha importancia a la hora de mejorar nuestro control y nuestra autoconfianza.
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Mejora tu autocontrol
Cuando tomamos una decisión, queremos conseguir una meta o simplemente cambiar la forma en la que reaccionamos ante determinados acontecimientos no siempre resulta fácil hacerlo, ya que a lo largo del camino para conseguirlo nos aparecen multitud de situaciones en las que nuestros impulsos traicionan nuestra determinación y nos vemos como al principio, cuando habíamos tomado la decisión, sin apenas haber avanzado nada.

Para llevar a cabo una decisión, cambiar un hábito o controlar nuestras reacciones necesitamos trabajar nuestro autocontrol. Aunque esta palabra tiene muchas connotaciones negativas que nos recuerdan a privaciones, dura disciplina y casi rozar el ascetismo, realmente el autocontrol es la herramienta que nos va a ayudar a llevar nuestra vida sin depender de las acciones o palabras de los otros y sin limitarnos a ser reactivos ante los hechos que nos suceden.

Para lograrlo, un punto muy importante es saber controlar las emociones. A todos, en un momento dado nos desbordan, y la tristeza, la ira o el pánico nos invaden, apagando casi totalmente nuestra capacidad de razonar y de encontrar una salida a la situación.
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