Consecuencias de exigirnos demasiado
Cuando somos niños y tenemos que hacer algo como colocar la habitación o terminar los deberes, nuestros padres deben ir detrás de nosotros recordándonos constantemente lo que debemos hacer. Cuando crecemos, como parte del proceso de maduración, aprendemos a ser nosotros mismos quienes determinamos qué debemos hacer y cómo debemos realizarlo si queremos luchar por un objetivo, desempeñar un trabajo con eficacia o llevar a cabo cualquier tarea de nuestra vida cotidiana.

Es decir, aprendemos a exigirnos a nosotros mismos las conductas necesarias para llevar a cabo aquello que queremos hacer, sin necesitar a nadie que nos recuerde continuamente nuestras obligaciones. Cuanto mejor sabemos autogestionar nuestros proyectos, tanto vitales como profesionales, mayor madurez emocional hemos desarrollado.
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