¿Tienes mala suerte o te saboteas?
A menudo atribuimos la imposibilidad de lograr aquello que queremos a la mala suerte. Si tenemos todo a favor, se dan todas las circunstancias favorables para que, por fin, logremos nuestro sueño y éste no se realiza, no se puede deber nada más que a un desafortunado golpe de mala suerte que, una vez más, nos impide conseguir aquello que deseamos o cambiar lo que queremos cambiar.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, esta mala suerte no es tal y somos nosotros mismos quienes, sin ser conscientes de ello, estamos impidiéndonos progresar y avanzar. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos estamos impidiendo ser felices.
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Cuando tu enemigo eres tú mismo
Muchas personas sienten que nunca pueden lograr sus metas. Da igual que sea conseguir un ascenso en el trabajo, tener una relación duradera o simplemente adelgazar unos kilos. Se esfuerzan todo lo que pueden en lograrlo, pero cuando ya están muy cerca de su objetivo, sucede algo que hace que sus planes se vean totalmente desbaratados y que tengan que volver prácticamente al principio.

Se podría hablar de mala suerte, pero no es así. Lo que ocurre es que estas personas no se dan cuenta de que su mayor enemigo son ellas mismas y son ellas quienes, sin ser conscientes de ello, sabotean todos los esfuerzos que han llevado a cabo para conseguir sus objetivos.
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