Mantener la calma en momentos de tensión
No siempre sabemos reaccionar bien en momentos de tensión, ya sea en el trabajo, con nuestra pareja o nuestra familia. Muy al contrario, es habitual que perdamos los nervios, dejando que la ira nos desborde, gritando o discutiendo, o incluso tomando decisiones precipitadas, lo cual nos lleva a decir o hacer cosas que, habitualmente, lamentamos una vez hemos recuperado la calma. Por otro lado, si este comportamiento se repite habitualmente, puede llegar a dañar nuestra carrera profesional y nuestra vida personal.

Lo primero que debemos hacer es identificar qué es lo que nos genera esa tensión que se va acumulando dentro de nosotros. Es importante, también aprender a notar los signos de tensión. Muchas veces no nos damos cuenta de que estamos a punto de explotar hasta que lo hacemos y es importante reflexionar y determinar qué es lo que sentimos. De este modo, tendremos un modo de estar avisados de que estamos llegando al límite de nuestra paciencia.
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Mantener la calma
Las emociones son una respuesta a una reacción del entorno. Una situación que en ciertos momentos, te puede desbordar produce en ti ira o enfado. La emoción se produce con intensidad y con fuerza ya que eso es precisamente, lo que diferencia la emoción del estado de ánimo que en cierto modo es más estable. Y además, el estado de ánimo también está muy marcado por las experiencias previas que has tenido en tu vida que terminan constituyendo tu forma de ver el mundo. Evidentemente, la experiencia no te determina pero sí es verdad, que te influye.

Mantener la calma es importante pero hay veces, en las que no puedes. Porque algo te hace daño, porque no puedes entender el comportamiento de otra persona, tal vez, te niegas a aceptar que las cosas sean así. En un momento de ese tipo, es una suerte poder tener a una persona cerca que sepa escucharte y decirte exactamente algo que pueda calmarte. Pero para que eso suceda, tienes que confiar y decir qué te sucede.
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Controlando las emociones negativas
Hay muchos momentos en los que sentimos que la ira, los nervios, la impotencia, la angustia o la rabia nos invaden. Nuestros pensamientos, normalmente negativos, se aceleran en esta situación, haciendo que, en lugar de calmarnos, nos vayamos sintiendo peor y peor, hasta que perdemos totalmente el control.

Para evitar esto, lo mejor es utilizar unas técnicas que relajación que nos permitan calmarnos, detener los pensamientos negativos y recuperar una perspectiva racional de la situación que estamos viviendo, para de ese modo poder manejarla de forma más efectiva. Para que estas técnicas sean realmente efectivas y nos ayuden en el momento en que las necesitemos, es necesario tenerlas automatizadas, es decir, practicarlas con regularidad, hasta que consigamos la relajación casi de forma automática.

Para lograrlo comenzaremos respirando lenta y profundamente, expirando lentamente. Mientras expiramos, prestaremos atención a cómo se va desapareciendo la tensión y cómo comenzamos a relajarnos gracias a la respiración.

Cuando nos sintamos más relajados, comenzamos a respirar de forma natural, ni demasiado profundamente ni demasiado superficial, de forma rítmica y nos vamos concentrando poco a poco en la respiración.
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