Cómo tener una actitud de colaboración en los conflictos
Los conflictos forman parte de la vida. Es decir, lejos de observar este tipo de situaciones como un problema, conviene observar la naturalidad de la esencia del estar vivo. Cuando morimos, dejamos de tener cualquier conflicto y dejamos de sentir emociones. Por el contrario, la vida nos capacita para afrontar con naturalidad situaciones que pueden producir algún tipo de circunstancia compleja. Si estás viviendo una situación difícil que te roba una gran cantidad de energía, te sugiero potenciar la colaboración como actitud principal.

Esta colaboración muestra una disposición de apertura hacia el otro, un deseo que va más allá del hecho de querer tener o no la razón en todo. Si estás envuelto en un conflicto personal, intenta buscar el bien común, sabiendo que eso implica ceder.
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¿Por qué surgen los conflictos personales?
Los conflictos personales son muy humanos pero, ¿cuáles son las principales causas que los producen? En este artículo, me gustaría compartir mis reflexiones al respecto.
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Asume tu responsabilidad para resolver conflictos
Alguna vez has escuchado o tú mismo has dicho: ¡No he sido yo, la culpa es de él/ella! No es necesario tener 5 años para echar la culpa a otro en un conflicto e intentar que ambas partes salgan perjudicados, pero ¿realmente importa quién ha empezado o es más importante resolver lo que ha ocurrido? Para resolver un problema con alguien es indispensable que dejes de apuntar con el dedo al otro y debes reconocer tu parte de culpa. No siempre es sencillo salir de la posición cómoda de víctima.
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¿Cuál es tu actitud ante un conflicto?
Los conflictos pueden ser útiles e inevitables siempre que haya un clima de confianza entre las personas que te rodean. Puedes encontrarte con personas que discrepan contigo, pero no te sientas atacado, míralo como una forma de avanzar en la relación con esa persona. Una relación que sea siempre pacífica sin tener ningún punto por débil que sea de conflicto, puede que no tenga necesidades de evolucionar. En ocasiones entrar en conflicto invita al cambio y a encontrar una parte mejor.
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Evitar los problemas te hace débil
Los problemas forman parte de la vida, sin embargo, la mejor solución para un conflicto no es evitarlo sino afrontarlo. En la medida que afrontas un problema te haces fuerte, pones en práctica tus recursos y tu nivel de Inteligencia Emocional. Sin embargo, el miedo, el temor al fracaso, o el hecho de no querer sufrir, lleva a algunas personas a alejarse de posibles conflictos para evitar disgustos o sobresaltos.

Sin duda, merece la pena aprender a vivir el presente y no poner dramatismo a los problemas. Por supuesto, conviene diferenciar entre problemas reales e imaginarios. Los asuntos imaginarios son aquellos que te desgastan de una forma innecesaria. Si algo tiene que suceder, sucederá de cualquier modo. Por tanto, separa desde un punto de vista emocional aquellas cuestiones que dependen de tu voluntad y aquellas, que no tienen nada que ver contigo. Centra tu energía de una forma constructiva.
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Solucionar conflictos de forma positiva: estrategia ganar-ganar
Por mucho que queramos evitarlos, los conflictos con los demás son inevitables. Ya sea nuestra pareja, miembros de nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo o incluso desconocidos, la diferencia de puntos de vista, deseos, aspiraciones y objetivos hace que, en un momento dado, nos veamos inmersos en un conflicto. Esta idea suele tener una connotación negativa, pero dependiendo de cómo la solucionemos, esta situación puede ayudarnos a crecer como personas y ser algo positivo o puede llenarnos de rencor y enturbiar, de cara al futuro, la relación con esa persona.

Ante un conflicto, podemos tomar tres actitudes distintas:

– Ganar-perder: En este caso se ve el conflicto como una guerra, y para llegar a una solución se parte de la base de que una de las partes será ganadora y la otra una perdedora, siendo sólo posible la rendición absoluta del otro.
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Solucionar conflictos de forma asertiva
En el trabajo, con la familia, con nuestra pareja… son muchas las situaciones en las cuales pueden surgir conflictos, y, dependiendo de cómo los solucionemos, mejoraremos o empeoraremos nuestras relaciones personales. Por ello, cuando tengamos un conflicto con alguien, deberemos siempre intentarlo solucionar de modo asertivo, y para ello seguiremos una serie de pasos, denominados técnica DESC:

– Describir los hechos de la forma más objetiva y clara posible. No se trata de saber quién hizo qué, sino cuál es el conflicto que hay que solucionar. De este modo, el otro no sentirá que estamos personalizando o culpándole del conflicto, sino que lo que se busca es una solución que sea ventajosa para ambos. Una vez que el conflicto se despersonaliza, es más sencillo solucionarlo con objetividad, dejando las emociones a un lado.

– Expresaremos en qué puntos no estamos de acuerdo, cómo nos sentimos y qué pensamos acerca del comportamiento del otro. Es importante que empecemos las frases con yo, “yo me siento, yo opino”, en lugar de “es que tú…”, lo cual llevaría al otro a ponerse a la defensiva.
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Cómo resolver un conflicto

El conflicto es un algo casi connatural a los seres humanos. Tanto es así que basta que haya dos seres humanos para que pueda nacer un conflicto, y esto se produce independientemente de la relación que haya entre ellos. Pueden ser padres e hijos, jefes y empleados, amigos, compañeros de trabajo, etc. Cada uno de nosotros tenemos una historia personal distinta, diferentes deseos, metas, e intereses e incluso distintas formas de ver la vida. Por ello, puede ser que esos deseos o metas choquen con los de otra persona y es en ese momento cuando nace el conflicto.

Sin embargo, para que el conflicto no derive en algo más grave, sí es necesario saber cómo hacerle frente y cómo gestionarlo para que ninguna de las personas en conflicto salga perdiendo.
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