Formas de reparar el daño
El ser humano es imperfecto, y además, conviene asumir esta imperfección para entender que en la vida, todos en algún momento nos equivocamos. Cometemos errores, y es de sabios, rectificar a tiempo. Al menos, cuando esa persona te importa lo suficiente como para disculparte por haberle herido. El dolor ajeno también es propio en la medida que existe empatía y que se tiene sensibilidad.

¿Qué formas tienes de reparar el daño? En primer lugar, piensa en qué te gustaría hacer. Es decir, cada persona tiene su propio modo de acercamiento o de pedir disculpas a alguien. La gran mayoría de la gente apuesta por hablar cara a cara y poder exteriorizar los sentimientos en primera persona, resolver los conflictos y las dudas.
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¿Por qué repetimos lo que nos hace daño?
SI observamos cualquier animal, nos daremos cuenta de que, una vez que ha experimentado algo que resulta dañino para él, evita a toda costa volver a repetirlo para evitar resultar dañado de nuevo.
Curiosamente, los seres humanos, aunque también contamos con un instinto de supervivencia que teóricamente nos impulsa a evitar lo que nos hace daño, en lugar de imitar a los animales y evitarlo, repetimos una y otra vez dicha conducta o acto aun sabiendo que resulta dañino para nosotros.

Esto es especialmente notorio en las relaciones de pareja, sobre todo en el caso de las mujeres. Rompen una relación porque estaban sufriendo y su pareja les hacía daño y, al poco, inician otra relación de pareja con alguien que posee características muy similares al anterior, y, al poco, se encuentra de nuevo sufriendo y tiene que poner fin a la relación.
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Cuándo eres cómplice de que te hagan daño
Si hay algo que en más de una ocasión cuesta a muchas personas es el hecho de asumir responsabilidades, es decir, de entender que nadie es víctima de su destino sino que cada persona mediante su libertad personal tiene el poder de elegir cómo quiere vivir, de qué personas se quiere rodear, y lo que es más importante, qué situaciones está dispuesta a tolerar y cuáles no. Vivimos con la idea de que son los demás los que nos hacen daño, sin embargo, tú mismo puedes convertirte en cómplice de ese daño cuando no haces nada por protegerte y cuidarte.

Esto es más evidente de lo que parece a simple vista en el amor. Cuando estás inmerso en una relación tóxica y destructiva, pregúntate sencillamente, por qué estás ahí. Por qué no te marchas y te das la oportunidad de vivir feliz, bien y tranquilo contigo mismo. En más de una ocasión, y aunque suene duro decirlo, tú eres cómplice de que jueguen con tus sentimientos en el caso de que no sepas marcar el límite adecuado a la otra persona.
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