La amargura del desamor
Sin duda, el término amargura muestra en sí mismo el sabor amargo que deja en el alma el desamor en sus diferentes manifestaciones y formas. El hecho de saber que la persona a la que quieres no te corresponde del mismo modo, te hace sentir débil, indefenso y vulnerable. Es algo lógico y normal, entre otras cosas, porque el amor correspondido forma parte del ideal de felicidad que todo el mundo tiene en su mente.

Por tanto, el rechazo causa rabia, dolor, pena y tristeza. Sin embargo, más allá de que a nadie le sea agradable aceptar las calabazas, la realidad es que no todo el mundo se toma de un modo trágico al extremo esta situación. Este matiz es importante para entender que la actitud es más esencial de lo que parece a simple vista a la hora de vivir mejor y de ser feliz en contacto con la verdad de uno mismo.
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El sabor del desamor
Uno de los sufrimientos más grandes que puedes atravesar en tu vida es el de tener la sensación de no poder superar un desamor. Es decir, de comprobar que pasan los años y existe una parte de tu cerebro que no puede avanzar a nivel vital y sigue recordando a esa persona que fue especial. En el peor de los casos, el malestar aumenta cuando al saber cosas de la vida del otro te sientes mal.

Es decir, si por ejemplo tu ex ya rehizo su vida, entonces, no puedes evitar compararte y sentirte frustrado por ver que tú no fuiste la persona elegida. Tal vez, cuando el malestar por un desamor es tan grande y el protagonista de la historia se da cuenta de que no puede superarlo todo por sí mismo, entonces, ha llegado el momento de pasar de página, cambiar de capítulo y pedir la ayuda de un psicólogo. Hacer terapia es una opción excelente para analizar las causas y los efectos de la tristeza y de un estado de ánimo negativo.
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