Cómo combatir las distorsiones cognitivas negativas
Tendemos a pensar que observamos objetivamente la realidad y valoramos los hechos tal y como son. Sin embargo, no es así. Nosotros no observamos la realidad, sino que la interpretamos a través de las vivencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Si estas han sido positivas, la interpretación que haremos de la realidad será del mismo signo.

Si, por el contrario, estas experiencias han sido negativas, aparecerán las denominadas distorsiones cognitivas, es decir, esquemas de pensamiento negativo que utilizamos de forma inconsciente al interpretar lo que nos ocurre, lo que nos lleva a tener una visión de la vida negativa. Conocer las más comunes es importante para poder combatirlas:
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Engaños de la mente: la adivinación del pensamiento
Nos cruzamos con un amigo por la calle, le saludamos y no sólo no sólo no responde a nuestro saludo, sino que nos mira con gesto serio, casi hosco. Buscamos justificación a este hecho y concluimos su comportamiento se debe a que hemos hecho algo con anterioridad que le ha molestado, a que por alguna razón no le caemos bien, o que ha decidido que no somos lo suficientemente válidos para ser su amigo, es decir, adivinamos lo que el piensa, siempre con un planteamiento negativo y dañino para nuestra autovaloración y nuestra autoestima.

Esta adivinación o lectura de la mente es una distorsión cognitiva que hace que creamos saber cuál es la razón de determinadas actuaciones de los demás con nosotros mismos, siempre con un resultado negativo hacia nosotros. Se da en personas tímidas, con ansiedad o fobia social o con baja autoestima. El resultado de todo esto es que normalmente la respuesta a este pensamiento es evitar a la otra persona, o enfadarnos con ella o gritarla, lo cual dificulta aún más las relaciones sociales, entrando así en una espiral difícil de cortar.
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Cuando todo es blanco o negro
Muchas personas, a la hora de evaluar sus cualidades, acciones o evolución, sólo pueden hacerlo desde dos punto de vista, en blanco o negro, todo malo o todo bueno. Suelen ser personas muy perfeccionistas que creen que si algo no es perfecto o no resulta como tal, no tiene ningún valor, independientemente del proceso que se haya seguido para lograrlo.

Esta idea del todo o nada se conoce en psicología como pensamiento dicotómico, y es una distorsión del pensamiento mediante la cual la persona no es capaz de percibir los matices válidos intermedios de sí misma o de sus acciones. Esta incapacidad hace que pocas veces se lancen a conseguir sus metas o a intentar algo nuevo, ya que el miedo a cometer un error o que el resultado no sea perfecto los paraliza, o, cuando lo intentan, suelen realizarlo con gran ansiedad y estrés temiendo que el resultado final no se adecúe a sus expectativas.

Es un tipo de pensamiento que también se da muy frecuentemente en las personas que sufren depresión, que tienden a examinar su vida en términos absolutos, como resultado de los cuales suelen terminar definiéndose como fracasados, inútiles, y teniendo un sentimiento de no tener ningún valor como personas, ya que las cosas sólo pueden ser buenas o malas, perfectas o terribles.
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Distorsiones cognitivas: interpretaciones erróneas de la realidad
Llegamos al trabajo y nuestro jefe apenas nos saluda y sólo nos responde con monosílabos. En vista de su actitud, llegamos a la conclusión de que está pensando en despedirnos. Como consecuencia de ello, crece nuestra angustia mientras intentamos recordar dónde hemos metido la pata. Nuestro estómago se cierra y sentimos casi no podemos respirar, esperando el momento en que nos comunique su decisión. Diez minutos después, nuestro jefe nos pregunta si tenemos un analgésico porque se ha levantado con un gran dolor de cabeza. Es entonces cuando nos damos cuenta de que las interpretaciones que hemos hecho de su actitud son incorrectas.

Esto se debe a las denominadas distorsiones cognitivas, engaños que distorsionan nuestra realidad y lo que pensamos de nosotros mismos. Como resultado de ello, gran parte del miedo, la angustia o la ira que sentimos muchas veces es provocada por estas distorsiones que no suelen tener ninguna base real.

Estas distorsiones cognitivas se originan en la niñez, cuando hemos tenido que utilizarlas para superar situaciones emocionalmente complicadas.
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