La vida como espectador
Existen muchas personas que pasan horas interminables a lo largo del día viendo la televisión. Algo que ya de por sí invita al sedentarismo, a la apatía y a la tristeza pero todavía más si hablamos de contenidos telebasura que lejos de humanizar a aquel que se encuentra al otro lado de la pequeña pantalla lo cierto es que produce el efecto contrario.

La vida como espectador no es una metáfora, es la realidad de aquel que no tiene la capacidad de implicarse y de ilusionarse con su destino y que se muestra de forma triste en los casos concretos de personas jóvenes que no tienen la menor ilusión por conocer gente nueva y hacer nuevas amistades. El corazón permanece abierto a la vida en la medida en que dejamos entrar dentro de nosotros a aquellas personas que tienen algo especial.
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