El peligro del exceso de confianza
Los filósofos clásicos analizaron la prudencia como la virtud ideal para encontrar el término medio de las cosas. Sin duda, no es fácil medir dicho término medio sencillamente, porque cuando hablamos de sentimientos no hablamos de realidades que puedan medirse al más puro estilo matemático. Es decir, al final, los límites de la prudencia quedan al amparo de tu sentido común.

La confianza en las personas es buena, porque eso muestra que eres una persona positiva con ganas de ser feliz. Por ejemplo, las personas que están resentidas con el mundo, terminan por pagar su frustración incluso con las personas que son buenas y nobles. Sin embargo, también se produce la situación contraria, la de aquellos que tienen un exceso de confianza y no se dan cuenta de que deben ser prudentes.
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Qué esconde el exceso de actividad
En la vida el equilibrio es lo más importante de todo, es decir, encontrar la medida de las cosas como decían los clásicos. Por ello, a veces, conviene aprender a ir más allá de lo evidente para pensar en uno mismo. ¿Alguna vez te has preguntando que esconde el exceso de actividad? La realidad es que muchas personas viven con la obsesión de tener una agenda ocupada hasta el límite de no tener tiempo para descansar.

Aunque parezca evidente, detrás del deseo de actividad constante existe miedo a la calma porque precisamente es en el tiempo libre cuando tienes más espacio para pensar en ti mismo y ver las cosas que no te gustan de tu vida. Sin embargo, por mucho que quieras parecer una máquina y trabajar durante horas, tarde o temprano, tu realidad te explotará en la cara. Es decir, por mucho que todo el año quieras estar ocupado puede que sea en verano cuando te sientes víctima de tu destino y de la tragedia de no ser feliz.
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