¿Qué es el éxito?
Cada persona tiene su propia noción sobre el éxito ya que el triunfo responde a una interpretación subjetiva. Sin embargo, existen personas que tienen una visión del éxito que no les ayuda a vivir mejor. Éste es el caso de aquellos trabajadores que se ponen unas expectativas tan altas que viven con la sensación de no estar nunca a la altura o arrastran el síndrome de insatisfacción crónica.
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Sólo tú puedes medir tu éxito
Todos buscamos y, de hecho, podemos lograr el éxito en nuestra vida. Sin embargo, la mayoría de las personas no se consideran exitosas, sino, al contrario, se consideran fracasadas o, cuando menos, perdedoras, incapaces de lograr alcanzar el éxito.

Esto sucede cuando ponemos el foco del éxito en aquello que es externo a nosotros, y buscamos conseguirlo por patrones que no son nuestros o patrones externos. Si medimos el éxito por los caballos de nuestro coche o los ceros de nuestra cuenta bancaria, puede que consideremos que no lo hemos logrado, pero si lo valoramos por el logro que hemos alcanzado en nuestras metas, las personales, las que nosotros hemos diseñado, seguramente la valoración será muy distinta.
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El riesgo forma parte del éxito
Muchas personas, por naturaleza, quieren vivir siempre pegadas al plano de la seguridad. Es decir, no se arriesgan a salir fuera de su área de confort. Esa zona en la que el sujeto está cómodo y seguro, pero también, puede que estancado, sencillamente, porque no se permite ir a más, evolucionar y descubrir nuevas formas de hacer las cosas, de vivir y de ver el mundo. Por ello, todos aquellos que quieren alcanzar el éxito, y que sin embargo, no se permiten lograrlo tienen que darse el permiso de arriesgar, es decir, de asumir la victoria, pero también, la derrota.
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Las leyes del éxito
Tener éxito en la vida es el objetivo de cualquier ser humano. Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma noción de éxito. Por ello, deberíamos empezar por definir, exactamente, un concepto de triunfo humanista y agradable. Una persona es triunfadora en su vida cuando se siente feliz y satisfecha consigo misma. Por tanto, el éxito no tiene nada que ver con el dinero ya que existen muchas personas de posición económica humilde que tienen una clara conciencia de bienestar. En general, alguien alcanza el éxito cuando cumple con una misión en la vida. Una misión es un mensaje de fondo que trasciende al propio destino, es la huella que cada uno vamos dejando a nuestro alrededor a través de nuestro modo de caminar.

Por supuesto, el éxito en la profesión también es importante. Para alcanzar la cima en el trabajo, simplemente, debes apostar por aquello que de verdad te apasiona y te mueve el corazón como si fueses un adolescente enamorado. Por el contrario, trabajar en algo que no te gusta, causa sufrimiento, aburrimiento y dolor. Un dolor que se puede sobrellevar y soportar de una forma temporal pero no eternamente.
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Atraer la prosperidad
Está claro que si uno se esfuerza, puede terminar viendo con total dramatismo incluso, las situaciones más positivas y optimistas. Sencillamente, porque el grado de perfección de una situación varía dependiendo de dónde pones tu foco de atención. ¿Cómo puedes atraer la prosperidad a tu vida? En primer lugar, aprendiendo a vivir el presente. En la medida en que centras toda tu atención en el ahora, reduces al mínimo cualquier posible ansiedad ante el futuro. Por otra parte, en vez de recordar los momentos negativos del ayer, intenta revivir las vivencias agradables.

La prosperidad no surge por arte de magia de la noche a la mañana. Existen muchos libros de autoayuda centrados en esta cuestión. Al final, la prosperidad reside en ti mismo, en tu mente, en tu capacidad de poner en práctica virtudes como la aceptación, la perseverancia, el sentido del humor y la confianza. Pilares que son básicos en la Inteligencia Emocional y también, en tu día a día.
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Creer que puedes, la clave para conseguir el éxito
¿Cuántas veces has renunciado a intentar algo porque, incluso antes de comenzar no te veías capaz de lograrlo? Seguramente muchas a lo largo de tu vida, bien porque tú mismo no te has creído capacitado para ello o porque los demás te han etiquetado como falto de la cualidad para lograrlo. Puede que, por ejemplo, tu deseo fuera aprender a tocar el piano o el violín, pero no lo has intentado porque crees que no tienes las aptitudes necesarias para ello (buena psicomotricidad, oído musical, sentido del ritmo, etc.) independientemente de que esa carencia venga dada por experiencias anteriores o simplemente por asumir lo que otros te han dicho sobre ti.

Que hayas intentado algo y que no lo hayas logrado no significa que nunca puedas hacerlo y que debas renunciar a ello. Puede que tengas que practicar más, que aprender nuevos conocimientos o desarrollar nuevas habilidades.
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¿Cómo conseguir lo que quieres?
¿Cómo puedes lograr en la vida aquello que de verdad deseas? En primer lugar, y aunque parezca algo evidente, teniendo claro hacia dónde te diriges, es decir, qué es lo que tú quieres. Se trata de determinar tus intenciones en primera persona, sin pensar en que dichos deseos pueden defraudar a alguien de tu entorno. Se vive desde el yo, es decir, se afronta la libertad en primera persona. Pero en cambio, cuando antes de dar un paso, pensamos en la reacción que pueda tener otra persona, poco a poco, vamos matando nuestra propia esencia.

Existen momentos de la vida en los que no se tiene tan claro qué es lo que se desea porque el ser humano, puede dudar entre varias opciones y alternativas. En ese caso, hay que dar un tiempo para ir madurando los pensamientos. Si en algún momento te encuentras en una situación de este tipo, también puedes apuntar en un papel, las ventajas e inconvenientes que te aporta cada elección. Los puntos positivos y negativos de cada decisión. Así también podrás ver con más claridad qué te conviene hacer.
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Concéntrate en el éxito
Imagina que estás jugando al golf y tienes que dar el siguiente golpe para meter la bola en el agujero. Tienes ante ti toda la extensión de césped y al final puedes observar tu meta, la bandera. A tu derecha puedes observar un banco de arena y a la izquierda un pequeño lago. Miras a derecha e izquierda contemplando los obstáculos que tienes que salvar y te preparas para dar el golpe.

Sin previo aviso tu cabeza se pone a darle vueltas a lo que ocurrirá si la pelota cae en la arena, y si una vez en ella no puedes golpearla, si eso significará hacer el ridículo ante los espectadores, si ello pondrá en entredicho tu capacidad como golfista y poco a poco te vas poniendo más y más nervioso.
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