Cómo poner freno al exceso de expectativas
Vivir con ilusión y con optimismo no es sinónimo de poner un exceso de expectativas en todo porque tener una visión distorsionada de la realidad se vuelve en contra de uno mismo. Cuando una persona sufre en exceso porque las cosas no son tal y como le gustaría, debe reflexionar sobre cómo puede poner freno a ese exceso de expectativas para ajustar la mirada a la realidad de las cosas. El exceso de expectativas produce frustración porque el afectado siente que las demás personas y la realidad en sí misma nunca están a la altura de las circunstancias como si se tratara de un examen que lo ajeno debe de superar. ¿Cómo frenar este exceso de expectativas? ¿Cómo esperar menos y dar más?
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El exceso de expectativas causa frustración
El ser humano, a veces, se centra en la carencia, es decir, en aquello que le falta y es incapaz de ver y valorar lo que tiene para poder disfrutar del aquí y del ahora. De hecho, en más de una ocasión, tiene que suceder algo trágico para que alguien se dé cuenta del valor que tiene el tiempo y de lo importante que es ser feliz sin pensar en exceso en lo que puede pasar mañana. Por ejemplo, la salud de una forma equivocada puede que sólo se valore de verdad cuando se ha perdido.

¿Se puede aprender a vivir mejor? Sí, pero está claro que eso implica un esfuerzo, es decir, un proceso de autoconocimiento y de ir afrontando miedos. Sólo así es como se supera el temor. Por ejemplo, si te da miedo acercarte a una persona que te gusta por temor al rechazo, siento decirte que ese miedo, sólo lo podrás afrontar abandonando la comodidad, arriesgándote y tomando la iniciativa de mostrar interés. Como punto positivo de este proceso, debes tranquilizarte porque en la medida en que vas poniendo tanto de tu parte te sientes mucho mejor contigo mismo y eso te da fuerza y confianza.
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Cómo influyen en ti las expectativas de los demás: el efecto Pigmalión
Seguramente conoces la película “My Fair Lady”, protagonizada por Audrey Hepburn, en la que una florista de los bajos fondos de Londres, Eliza Doolittle, se convertía en una dama de la alta sociedad de la mano del profesor Higgings, película que se basaba en obra de teatro Pigmalion de George Bernard Shaw.

Tanto en la obra de teatro como en la película se ve cómo Eliza se esfuerza por cubrir las expectativas que el profesor tiene sobre ella. Él está convencido de que puede lograrlo y ella actúa respondiendo a esas expectativas. Esto no es algo que ocurra sólo en la ficción, sino que todos, en de forma inconsciente, actuamos según las expectativas que las personas que nos importan tienen sobre nosotros, lo que en psicología se conoce como el efecto Pigmalión.

Este hecho puede ayudarnos a crecer como personas cuando las expectativas son positivas, pero también puede limitarnos y limitar nuestro desarrollo personal y profesional si es al contrario.

Los padres, los profesores, nuestra pareja, nuestros amigos, nuestros jefes… todas las personas relevantes para nosotros ejercen ese efecto, y nos estimulan o nos limitan, según cuál sea su visión sobre nuestras posibilidades, capacidades y talentos.
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