No hay peor fracaso que el miedo a la derrota
Lo que nos asusta realmente no es el fracaso sino el miedo al fracaso. Es decir, es en la anticipación de la realidad donde damos entidad a un hecho que incluso aunque no se haya materializado en la realidad ya lo vivimos como tal. De hecho, en muchas ocasiones, como consecuencia de este miedo podemos sentirnos tentados por la evitación, es decir, por la huida de aquello que nos asusta.

Y entonces, ya estamos siendo víctimas del temor mal gestionado que nos lleva a vivir la vida a medias. Existen realidades inevitables en la vida. Una de las más evidentes es que el tiempo pasa muy rápido. Solo tienes que hablar con una persona de ochenta años para que te reafirme en tu percepción de cómo la vida vuela. Pero lo más frustrante de todo es cómo podemos perder gran cantidad de tiempo en fantasmas irracionales que nos roban energía.
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El riesgo forma parte del éxito
Muchas personas, por naturaleza, quieren vivir siempre pegadas al plano de la seguridad. Es decir, no se arriesgan a salir fuera de su área de confort. Esa zona en la que el sujeto está cómodo y seguro, pero también, puede que estancado, sencillamente, porque no se permite ir a más, evolucionar y descubrir nuevas formas de hacer las cosas, de vivir y de ver el mundo. Por ello, todos aquellos que quieren alcanzar el éxito, y que sin embargo, no se permiten lograrlo tienen que darse el permiso de arriesgar, es decir, de asumir la victoria, pero también, la derrota.
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¿Cómo lograr que el desamor duela menos?
El desamor duele mucho, todavía más, cuando se trata de una historia en la que has luchado, arriesgado y apostado de verdad. ¿Cómo puedes conseguir que las heridas duelan menos con el paso de los días? En primer lugar, pensando que es mejor cortar una historia que no va bien, antes que después. Cuanto más se pospone una decisión de este tipo más se sufre. Por otro lado, en general, siempre sufre más aquel que es abandonado. En ese caso, céntrate en ti mismo y cuida de ti. Siéntete bien contigo mismo porque la ruptura se ha producido por una decisión ajena a ti y tú, no tienes ningún tipo de poder sobre la voluntad ajena.

Más que el desamor, lo que de verdad duele, es la interpretación que la mente puede llegar a hacer en un momento de ese tipo. Por ejemplo, tras una ruptura, una persona puede decirse a sí misma: “Nunca conoceré a alguien especial”. O también, ante el desamor, hay personas que pierden de vista que la vida no se reduce únicamente al hecho de tener o no pareja, por tanto, existen otros ámbitos: amigos, trabajo, desarrollo personal, viajes, ocio, familia…
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¿Sin ganas de ir al trabajo?
La motivación está directamente vinculada con la vida laboral pero también personal. Es decir, también se necesita estar motivado para cultivar las amistades y las relaciones sociales. Lo que algunas personas no entienden es que la motivación no siempre debe ser extrínseca, es decir, uno mismo puede alimentar su motivación para afrontar mejor la rutina.

En cualquier caso, merece la pena mencionar que algunas personas se sienten realmente mal ante la idea de ir al trabajo. Cuando esta emoción puede llegar a traducirse en angustia, es fundamental pedir ayuda para poder encontrar una solución. Porque está claro que aunque la persona sienta que esa situación está fuera de su control, se puede encontrar un remedio. ¿Cómo puedes hacer para recuperar la ilusión de ir al trabajo?
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No has fracasado, has vivido
El concepto de fracaso pesa como una losa sobre la conciencia de muchas personas. Y es que, el fracaso va asociado con otros términos: falta de autoestima, ignorancia y también, pérdida de tiempo. Así se siente, en general, aquel que cree que ha fracasado en algo: se culpa por no haberse dado cuenta a tiempo de las cosas, tiene un concepto equivocado de sí mismo, y echa la vista al pasado con la sensación de no haber aprovechado cada minuto en un objetivo más productivo.

¿Por qué el fracaso produce tanto sufrimiento? Porque vivimos en la sociedad del éxito, la belleza, el triunfo, la perfección estética… De este modo, todo aquello que no parece tan perfecto, deja de gustarnos. Sin embargo, debes aprender a vivir sabiendo que no has fracasado sino que has hecho algo mucho más bonito: vivir. Y además, vivir en letras mayúsculas ya que la intensidad de cada vivencia determina tu grado de felicidad.
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La soltería no es un fracaso
Muchas personas viven con cierta sensación de fracaso el hecho de no haber encontrado una pareja para compartir un proyecto de vida en común. Y es que, es verdad, que cuando se tenía un deseo importante de poder encontrar el amor, el hecho de no haber logrado ese objetivo, duele. Y duele todavía más en el caso de aquellas mujeres que tienen una gran vocación maternal y viven con angustia la llamda presión del reloj biológico. La vida no siempre es como uno quiere al cien por cien, ese es el lado bonito de la existencia. Es decir, no puedes programar cada paso que das como si fuese una película de Hollywood.

Estar soltero no es un fracaso, entre otras cosas, porque en cualquier momento puede que dejes de estarlo. Es decir, en el momento más inesperado puedes enamorarte y ser correspondido. Pero además, tu vida es mucho más que tu estado sentimental, por ello, aunque tal vez no hayas triunfado como querías en este ámbito, nunca debes reducir tu existencia a este matiz en concreto, porque entonces, puedes caer en la infelicidad.
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Aprender a gestionar el fracaso
Aprender a gestionar el fracaso no es sencillo. Desde pequeños, nos enseñan que debemos ser los mejores, lo más listos, los que más despuntan, los mejor preparados, tener el éxito asegurado.

Pero la realidad es que todos, a lo largo de nuestras vidas, tenemos que hacer frente a fracasos sentimentales, laborales, personales y profesionales. Y cuando fracasamos nos hundimos, nos sentimos que no valemos nada y decidimos que no merece la pena continuar luchando por el objetivo que nos habíamos propuesto, que lo mejor es abandonarlo y dedicar nuestro tiempo a otro más sencillo de lograr.

El problema aquí es que interpretamos el fracaso como ausencia de éxito, no como una tentativa. Cuando intentamos algo, al veces lo logramos a la primera, pero lo normal es que tengamos que esforzarnos, probar muchos modos abordar el objetivo, diseñar estrategias, dar pasos en falso…
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Puntos positivos de un fracaso
El fracaso, en sí mismo, tiene un sabor amargo que deja huella durante semanas, meses, o a veces, incluso años. Tal vez, porque cuando nos enfrentamos al reto de asumir que algo no ha salido como nosotros deseábamos, nos quedamos estancados como si se tratase de un muro imposible de traspasar. Detrás de un sentimiento de fracaso pueden existir sentimientos de vergüenza, frustración, rabia, pena, impotencia y también, se pueden producir heridas en la autoestima que tardarán en cicatrizar.

Un fracaso se puede producir en el ámbito profesional, es decir, dentro del contexto laboral. O también, en el terreno personal. Es aquí donde el dolor es más intenso ya que en cualquier relación interpersonal, se ponen en juego muchos más sentimientos que en un asunto de trabajo. El fracaso en el amor o en una amistad no se olvida nunca. Pero lejos de caer en la compasión es mejor hacer una reflexión sobre los puntos positivos que tiene un fracaso.
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