Formas de reparar el daño
El ser humano es imperfecto, y además, conviene asumir esta imperfección para entender que en la vida, todos en algún momento nos equivocamos. Cometemos errores, y es de sabios, rectificar a tiempo. Al menos, cuando esa persona te importa lo suficiente como para disculparte por haberle herido. El dolor ajeno también es propio en la medida que existe empatía y que se tiene sensibilidad.

¿Qué formas tienes de reparar el daño? En primer lugar, piensa en qué te gustaría hacer. Es decir, cada persona tiene su propio modo de acercamiento o de pedir disculpas a alguien. La gran mayoría de la gente apuesta por hablar cara a cara y poder exteriorizar los sentimientos en primera persona, resolver los conflictos y las dudas.
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Curar el desamor
La enfermedad no sólo remite al cuerpo sino también al alma. De hecho, es mucho más sencillo aliviar un dolor de cabeza que el malestar del corazón ante una decepción profunda. No existen tiritas, parches ni remedios inmediatos que puedan aliviarte a corto plazo. El desamor se produce de diferente forma. Por ejemplo, puede que tengas que hacer frente al abandono de tu pareja después de años de noviazgo, a lo mejor, fuiste tú quien se dio cuenta de que tus sentimientos cambiaron y tomaste distancia, también puede suceder, que tengas que hacer frente al rechazo sin ni siquiera empezar a salir con la otra persona.

Las heridas que deja el amor son más o menos profundas en función de cuánto se ha amado, cuánto se ha soñado y los deseos. Sin embargo, merece la pena pensar en positivo (algo muy difícil cuando se está inmerso en este proceso) porque siempre hay una luz al final del túnel. Y esa luz representa la esperanza de todas las cosas buenas y de todos los grandes momentos que te quedan por vivir en tu vida. Cuando estás atravesando un desamor no te apetece demasiado conocer gente nueva, sin embargo, en algún momento esa ilusión volverá a ti. No te cierres puertas.
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El tiempo no lo cura todo
Existe una frase de sabiduría popular que afirma que “el tiempo todo lo cura”. ¿Es esto cierto? La realidad es que no, de hecho, a veces, el tiempo puede llegar a agravar una situación. Así sucede por ejemplo, en el caso de tener un trauma, es decir, de padecer una situación de dolor que permanece a nivel interno a lo largo de los años.

Lo mismo sucede en el caso de aquellos distanciamientos familiares en los que por no pedir perdón a tiempo puede que dos personas estén sin hablarse incluso aunque se crucen por la calle. Decir que el tiempo lo cura todo es pensar que el dolor es una especie de sentimiento que se cura por arte de magia de la noche a la mañana. Lo cierto es que el tiempo puede ser tu gran aliado en esa aventura de la felicidad, pero eres tú mismo quien debes tomar decisiones, superarte a ti mismo, aprovechar los meses de una forma activa y creativa, es decir, no comportarte como si vieses la vida pasar de lejos.
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