Cómo controlar la incertidumbre en la enfermedad
Esta es una de las situaciones más difíciles de la vida: controlar la incertidumbre en la enfermedad. Una incertidumbre que afecta no solo al paciente sino también, al entorno más cercano. En estas situaciones, la vida cambia por completo ante la inseguridad de no poder concretar planes a largo plazo.

Sin embargo, por esto mismo, la enfermedad también es una escuela de aprendizaje de valores que podemos poner en práctica en todos los momentos de nuestra vida. Por ejemplo, la humildad de saber que más allá de creernos omnipotentes, necesitamos de la compañía y el apoyo de los demás.
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Superar momentos de incertidumbre
Cuando no sabemos qué va a ocurrir, bien porque estamos esperando alguna noticia o porque nos encontramos en una situación nueva para nosotros, surge la incertidumbre. Por un lado, esperamos que se cumplan nuestras expectativas, aunque sabemos también que puede no ser así. Por otro, tememos eso, precisamente, que no se cumplan o que nos ocurra algo inesperado, y nos preguntamos si podremos manejar la nueva situación a la que nos veamos abocados.

La incertidumbre siempre conlleva cierto nerviosismo mezclado con esperanza, pero a veces, dependiendo de lo que sea que esperemos, puede tornarse angustiosa, sobre todo si no confiamos mucho en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.
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La incertidumbre del mañana
Muchas veces deseamos saber qué nos pasará mañana. De hecho, el negocio de la videncia está basado en esta debilidad humana, en la curiosidad excesiva de adelantarnos a qué sucederá dentro de dos años. Sin embargo, la clave de la vida es aprender a convivir con la incertidumbre. Afrontar esta sensación en positivo y no en negativo. Es decir, siente ilusión por pensar en las grandes experiencias que te quedan por vivir, las personas interesantes que seguro que se cruzan en tu camino en algún momento, los nuevos amigos que llegarán a tu vida, los retos profesionales que afrontarás con éxito…

Deja de lado la prisa para centrarte, simplemente, en el aquí y en el ahora. Además, no hay otra forma de hacer frente a la incertidumbre que dejar de pensar en el después porque en la medida en que te obsesionas con el mañana pierdes la capacidad de disfrutar al máximo el hoy, este instante que ya nunca más volverá a repetirse.
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