Poner freno al inconformismo
Por tendencia natural, el inconformismo podría crecer hasta el infinito cuando una persona no adopta la actitud adecuada ante la vida. Tan peligroso es ser un conformista absoluto como tener una rebeldía constante ante los acontecimientos. Sin duda, merece la pena poner freno al inconformismo, en primer lugar, aprendiendo a valorar aquello que ya tienes y que posees.

Cada vez que te sorprendas a ti mismo con un pensamiento negativo, cámbialo por uno contrario que sea positivo. Elabora una lista de cosas que tienes y de las que te sientes afortunado. Escribe cada palabra en un folio y guárdalo en un lugar que sea muy especial para ti. Podrás volver a recordarlo siempre que lo necesites, y en ese caso, este folio te servirá para recuperar la perspectiva sobre tu propia vida.
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Cómo enfrentar el inconformismo
Por desgracia es habitual encontrarse con personas que sólo transmiten su inconformismo ante su vida. No caigas en esa misma dinámica de pensamiento, no te conviertas en una de esas personas infelices que no hacen nada por superarse día a día. Es cierto que podrían existir muchas las razones para estar poco conforme con tu propia vida, pero recuerda que sólo se vive una vez y debemos aprovechar cada segundo como si fuera el último. Pon en práctica estos consejos y aprende a ser más optimista. Conseguirás evitar sentirte bloqueado cada vez que algo te salga mal.

Lo primero que debes hacer es vivir el presente sin pensar en los errores del pasado, aunque conviene haber aprendido de ellos para no seguir errando. Valora lo que has conseguido en el momento actual y lo que está por venir, en vez de estar pensando en aquello que ocurrió hace tiempo y que ya no puedes cambiar. Ocupándote de tu realidad actual no tendrás tiempo para dedicarle a las quejas por lo que no fue o por lo que no llega.

Márcate metas que sean alcanzables. Este suele ser uno de los principales problemas del ser humano, que está relacionado con la imposibilidad de alcanzar los objetivos que se plantea. Sin embargo, no siempre tiene que ver con una incapacidad para hacerlo. Lo más frecuente es que no se formulan los objetivos correctamente. Para no equivocarte, procura que tu meta sea específica (concreta), medible y que pueda realizarse en tiempos definidos.

Aprender a valorar lo que se tiene, ya que suele ocurrir que se valore poco lo que realmente vale y que se le otorgue más valor a cosas sin sentido. Por ello, piensa qué es importante e imprescindible en tu vida y qué sucedería si no lo tuvieses. En ocasiones nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos. Intenta que ese inconformismo sea un incentivo para el cambio, este sentimiento no tiene por qué ser negativo, ya que puede despertar inquietudes. Por eso, cada vez que no estés conforme con algo no te quedes en la disconformidad, aprovecha para superarte. Esto te aportará la vitalidad necesaria para explorar, interrogarte y desear cambiar.

Procura tener siempre buena voluntad para mejorar el pasado, el presente y el futuro. Adopta una actitud abierta, responsable, perseverante, flexible y positiva. Si no la tienes, genera tu propia motivación. Comienza por hacer algo al respecto: levántate, muévete, inicia tareas menores. Poco a poco te sentirás motivado para continuar con metas más grandes. Sólo es una cuestión de decisión. Anímate que la vida puede ser maravillosa.