¿Cuáles son las características de la personalidad inmadura?
La personalidad inmadura puede estar presente en adultos que a pesar de haber cumplido una edad determinada siguen teniendo comportamientos de impulsividad más propios de estados anteriores. Es decir, existe una distancia de comportamiento entre la edad y la actitud mental del protagonista en relación con otras personas de la misma etapa vital. Esto hace que esta persona proyecte en muchos momentos comportamientos infantiles.

Una de las principales características de una persona inmadura emocionalmente es la falta de autocrítica en sus acciones, teniendo una falta de empatía con los demás puesto que en muchas ocasiones, algunas de esas acciones propias también pueden afectar a terceros.
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Rasgos de la personalidad inmadura
Las distintas experiencias que vamos atravesando a lo largo de nuestra vida nos ayudan a madurar, a ir creciendo intelectual y emocionalmente, hasta convertirnos en personas maduras y equilibradas. Sin embargo, existen personas que parecen no pasar por este proceso y que, por su actitud, su edad emocional no parece corresponderse con su edad cronológica. Son las personalidades inmaduras, que no han encontrado vías para resolver conflictos y hacer frente a las diferentes etapas de la vida y siguen reaccionando como en la etapa infantil o adolescente.

Otro de los rasgos que definen a estas personas es un casi total desconocimiento de sí mismos. Una parte importante de madurar consiste en conocernos, determinar nuestras virtudes y nuestros defectos y analizarlos objetivamente. Las personas inmaduras suelen tener una idea exagerada de sus virtudes y un desconocimiento total de aquellas áreas en las que necesitan mejorar.

Tratar con ellas no siempre es fácil, ya que son muy inestables emocionalmente, por lo que pueden pasar en pocos momentos de la alegría extrema a la depresión, o estallar emocionalmente ante cualquier estímulo, por nimio que sea, sobre todo cuando sus expectativas se ven frustradas.
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