Qué hacer tras un mal día
Un mal día lo tiene cualquiera, seguro que habrás escuchado esa frase en más de una ocasión. Pero a veces, también puede suceder que acumules una cadena interminable de días difíciles a tus espaldas que te hacen sentir mal contigo mismo, cansado y agotado psicológicamente. El cansancio, en especial, nos hace perder la ilusión por cosas que de entrada nos motivan. Pues bien, tras un mal día lo primero que debes saber es que puedes poner de tu parte para mitigar las secuelas emocionales que produce la tristeza.

Por ejemplo, al llegar la noche, y a pesar de todo aquello que te hizo sufrir, conviene que hagas una reflexión en la que te centres en todo aquello que tuviste a lo largo del día y que es positivo. Se trata de poner la atención en las cosas buenas más allá de la subjetividad que a veces, sólo nos hace ver el vaso medio vacío.
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El pensamiento determina el modo que tienes de aproximarte a la realidad. Es decir, bajo el prisma de la subjetividad juzgas cada día como positivo o negativo no sólo el mundo que te rodea sino también, a aquellas personas que están cerca de ti, incluso, a las que no conoces bien como para saber cómo son. Con el paso de los años, es normal ir sumando alguna decepción a esa mochila de relaciones interpersonales que todos tenemos.

Lo curioso es precisamente que más allá de las sorpresas gratas, muchas personas se dejan llevar sencillamente por el sabor amargo de la decepción. Es decir, sólo se centran en esa persona que les hizo daño hasta el punto de que se vuelven mal pensadas. Es decir, desconfían de muchas más personas.
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