Cuando nuestro niño interior está herido
El niño interior es la parte de nuestro ser en la que conservamos, cuando ya somos adultos, todas las experiencias que hemos vivido en nuestros primeros años de vida. Si cuando fuimos niños tuvimos un entorno familiar que nos permitió física y emocionalmente, nos sentimos cuidados, protegidos y guiados en nuestros primeros pasos, nos convertiremos en adultos equilibrados, que confían en sí mismos, con una sana autoestima, capaces de establecer límites sanos y de comportarse asertivamente con los demás.

Sin embargo, si cuando fuimos niños vivimos el maltrato, el abandono, sentir que nuestro entorno familiar se avergonzara de nosotros y todas las consecuencias de crecer en una familia disfuncional, todas esas heridas quedan presentes en el niño interior. El dolor por todo lo sufrido es tan grande que el adulto sólo puede vivir si se desconecta de su niño interior, es decir, si entierra todas aquellas vivencias y sigue adelante.
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