Tus padres se hacen mayores
Desde que somos pequeños pensamos que los padres son eternos y que siempre estarán ahí para nosotros, y a medida que crecemos empezamos a darnos cuenta que no es así, e incluso hay personas que les cuesta asimilar este hecho. Y es que los hijos estamos acostumbrados a ser hijos y cuando toca servir a los padres y cuidarles no se sabe bien cómo se debe hacer bien. ¿Por dónde empezar? ¿Qué se debe hacer? ¿Qué decisiones se deben tomar? Estas son algunas de las preguntas que asoman en la cabeza, si es tu caso, este artículo te puede interesar.
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Los padres sobreprotectores tienen una influencia negativa en el desarrollo psicológico de sus hijos
Todos los padres desean proteger a sus hijos, para evitar que sufran o pasen por situaciones incómodas. Sin embargo, a veces ese afán de protección es tan excesivo que interfiere en el normal desarrollo de sus hijos, tanto que, puede llegar a causarles problemas psicológicos en la edad adulta.

La sobreprotección nace de la angustia que sienten sus padres ante el hecho de que al niño le pueda ocurrir algo, y por ello, evitan cualquier situación que no puedan controlar, evitando que sus hijos realicen actividades tan cotidianas y habituales como ir a una excursión con el colegio o quedarse a dormir en casa de un amigo.
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Vivir a través de los hijos
Sacar adelante a los hijos es una tarea muy dura. Los padres luchan y se sacrifican día a día para darles todo lo que ellos no pudieron tener y lograr que prosperen más que ellos. Sin embargo, esta actitud, aunque ampliamente aceptada, no siempre es tan generosa, porque hay muchos padres que utilizan este sacrificio como medio para crear la culpabilidad en los hijos y que estos actúen según sus deseos. De este modo, los padres, a través de los hijos, viven la vida que no han podido vivir, y eligen para sus hijos las carreras que ellos hubieran querido estudiar, las parejas que hubieran querido tener, las casas en las que les hubiera gustado vivir, sin tener en cuenta los deseos y aspiraciones de los hijos.

Como consecuencia de esto se deriva una doble frustración, la del hijo que no ha podido vivir la vida que hubiera deseado, sometido al chantaje emocional, muchas veces inconsciente, de los padre y la del padre que ha visto cómo sus hijos frustraban sus expectativas.
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