El transtorno de la prisa
Parece una ironía… ¿La prisa es una enfermedad? La realidad es que no, es decir, ningún médico te dará una receta para curar la prisa como si se tratara de un síntoma grave. Sin embargo, desde un punto de vista emocional no es nada bueno vivir con prisa a todas horas, en medio de la presión y de la angustia por el tiempo, sin buscar espacios para la calma y el relax.

En cierto modo, en una sociedad competitiva al extremo en donde la formación y el rendimiento son un valor en alza, parece que se pierde de vista que perder el tiempo también es bueno porque el descanso es necesario y también un placer. Cuando has tenido una semana dura nada como permitirte el placer de disfrutar de la pereza más absoluta una tarde de sábado.
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La enfermedad de la prisa
Todos recordamos al conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas corriendo continuamente llegando siempre tarde a su cita con la reina haciendo mil cosas sin lograr nunca terminar ninguna. Y algo parecido es lo que sentimos quienes vivimos en occidente en la actualidad, la mayoría de nosotros con un montón de obligaciones que cumplir, laborales, familiares, vitales y sin más tiempo que veinticuatro horas para realizarlas todas. Esta sobrecarga nos lleva a sentir que, por mucho que lo intentemos, nunca tenemos tiempo para todo, lo cual ha llevado al nacimiento de un nuevo trastorno, conocido como la enfermedad de la prisa.

Este síndrome lleva aparejado un gran nivel de estrés y ansiedad, porque la persona se siente cada vez más desbordada por todo aquello que tiene que hacer a diario, lo cual se traduce en síntomas físicos, como trastornos del sueño y digestivos, pero que tiene como resultado más importante que terminamos desconectando totalmente de nuestras emociones, de cómo nos sentimos tanto física como anímicamente hasta llegar a un agotamiento profundo.
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