El efecto Zeigarnik o cómo dejar de postergar las cosas
A menudo, cuando dejamos algo sin terminar, no podemos dejar de dar vueltas al hecho de que hemos dejado algo a medias, por mucho que intentemos apartarlo de nuestra mente, especialmente si es algo muy importante. Una vez lo terminamos, desaparece por ensalmo de nuestra mente y por fin nos podemos relajar mentalmente.

Esto, que podría parecer muy relacionado con el perfeccionismo, no es así, sino que es una tendencia del cerebro humano, que nos lleva a recordar continuamente aquellas tareas que tenemos inacabadas, creando una especie de tensión psicológica hasta que finalmente las terminamos. Esta tendencia se ha denominado efecto Zeigarnik, ya que fue la psicóloga soviética Bluma Zeigarnik la primera que estudió este fenómeno.
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Procrastinación: Dejarlo todo para el último momento
Quizá te resulte familiar la situación. Tienes un montón de cosas que estudiar o de informes que redactar, pero en lugar de dedicarte a ello prefieres jugar al ordenador, ordenar ese armario que llevas meses sin tocar o ponerte a limpiar todos los DVD. Cuando quieres darte cuenta el tiempo se te ha echado encima y tienes que hacer el trabajo a toda prisa, lleno de estrés mientras te sientes culpable por no haberlo hecho en el momento.

Este hábito de dejarlo todo para el último momento se denomina procrastinación, y nos puede acarrear graves problemas tanto en nuestra vida personal como profesional. La buena noticia es que existen una serie de métodos para combatirlo:

– Olvida el perfeccionismo: Uno de los factores que más influyen en la procrastinación es el miedo de no hacer las cosas perfectas. Ante esa imposibilidad, las posponemos una y otra vez. Acepta que eres humano y que como tal cometerás errores y equivocaciones que no son el fin del mundo.

– Deja a un lado el “tengo que” y sustitúyelo por “quiero”: La expresión “tener que” implica una obligación, el sentimiento de estar forzado a hacer algo, lo que hace nacer en nosotros una rebeldía inconsciente que nos lleva a posponer las tareas. Si lo sustituyes por “quiero”, te implicas en la tarea y decides hacerla por propia voluntad, pensando en los beneficios que te reportará realizarla, como el poder disfrutar de tu tiempo de ocio sin estar dándole vueltas al informe que debes redactar.

– Si hay una tarea que llevas mucho tiempo retrasando, el mejor método de enfrentarte a ella es dividirla en tareas más pequeñas, partes que puedas realizar en periodos cortos de tiempo y que permitan avanzar en la tarea final. Una vez que hayas terminado una de las pequeñas tareas, puedes permitirte una recompensa, como ver un rato la tele o salir con amigos. De ese modo, tomarás la siguiente como algo positivo.