Cómo reírse todos los días
Reír alarga y alegra la vida, es por eso que cada uno de nosotros debería esforzarse por reírse todos los días. De este modo empezaríamos a ver los problemas como menos problemas y seguro que las soluciones a cualquier aspecto estarían en nuestras manos. ¿Eres de las personas que se siente mejor después de una buena carcajada? Estoy segura de que sí, y por eso te aconsejo que sigas leyendo las siguientes líneas. ¡Atento!
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Cinco razones para reir más
La vida puede ser un drama o una comedia, todo depende de la actitud que adoptes ante las circunstancias y también, del papel que quieras protagonizar en este mundo. Lo cierto es que el victimismo está de la mano del llanto, en cambio, aquellas personas que son protagonistas de su propia vida, ríen sin parar tal vez, porque no se toman todo tan en serio, tienen la capacidad de relativizar, de practicar la ironía, de esperar el futuro cuando el presente es más amargo y de ver motivos para hacer un chiste incluso, en las situaciones más cotidianas. Aquí tienes cinco razones para reír sin parar.
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Efectos del mal humor
La verdad es que el mal humor es una verdadera tragedia para aquel que lo sufre de forma constante y para quienes están a su alrededor. La buena noticia reside en saber que no hay excusas, es decir, es posible cambiar de actitud poco a poco, y con paciencia. En general, es posible cambiar de modo de ser cuando se asumen las consecuencias de este hecho. Por ejemplo, el mal humor interfiere en tus relaciones sociales ya que puede que algunas personas de tu entorno lleguen a tener miedo por tus reacciones, es decir, porque no saben qué esperar en cada momento.

Es ilógico que las personas que nos quieren tengan que sentirse así, sencillamente, porque el amor conduce a la ilusión y al bienestar. A veces, detrás del mal genio, de forma contradictoria existe una gran necesidad de cariño y atención. Pero aquel que se muestra distante ha construido una coraza para mostrar fortaleza ante los demás.
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¿Por qué la risa es contagiosa?
Cuando escuchamos reír a alguien, sobre todo cuando la risa es franca y se ríe a carcajadas, lo más probable nosotros acabemos riéndonos también aunque no sepamos de qué nos reímos.

Esto se debe, aparte de al hecho de que a todos nos gusta reír, a que, según han demostrado investigadores del University College (UCL) y del Imperial College de Londres, cuando escuchamos reír a alguien, se activa una respuesta en el mismo área de nuestro cerebro que si fuéramos nosotros los que nos estamos riendo, preparando a nuestros músculos faciales para sonreír.

Se sabe desde hace tiempo que, cuando conversamos con una persona hacia la que sentimos simpatía, inconscientemente imitamos sus gestos o utilizamos palabras que ellos utilizan. Esto se debe a una serie de neuronas, denominadas neuronas espejo, que nos llevan a imitar o compartir los gestos y comportamientos de los demás, creando así un mecanismo que nos ayuda a establecer vínculos sociales.
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