Qué hacer cuando el vacío interior es constante
Algunas personas, vivencian un vacío interior habitual, es como si estuviesen a la espera de algo mejor y pocas veces se dan el permiso pleno de vivir con total plenitud el ahora. Lo que ocurre cuando el vacío interior se torna constante es que, en realidad, debemos profundizar más en las creencias que generan ese malestar que la causa aparente que lo produce.

Ya que si nos centramos en la causa, llegaremos a la conclusión de que en cada momento, hay algo, un punto que despierta el sentimiento de añoranza. Sin embargo, de lo que se trata es de aprender a vivir sin poner la felicidad a la espera.
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Situaciones que ponen a prueba nuestra inteligencia afectiva
En nuestra rutina cotidiana, todos somos conscientes de cuál es nuestro punto débil. Y pese a que a nivel social, la mayoría de la gente interpreta que un ejemplo de falta de inteligencia emocional es perder las formas en una discusión, la realidad es que nuestra inteligencia afectiva es tan sutir y presente en las distintas esferas que puede condicionarnos en otros muchos ejemplos de situaciones que son relativamente habituales. Seguramente, todos hemos vivido alguna de las siguientes situaciones.

¿Quién no ha perdido más tiempo del necesario dando vueltas a un comentario que alguien le ha dicho y que le ha amargado literalmente el día?
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Ideas irracionales en torno al estrés
El estrés se convierte, de un modo negativo, en un compañero habitual del estilo de vida. Y muchas ocasiones, detrás de esta actitud estresante, existen pensamientos irracionales que nos llevan a creer que somos más responsables y productivos cuando nos preocupamos hasta el extremo por aquel proyecto que estamos haciendo.

La principal idea irracional que gira en torno al estrés es creer que este estado de ánimo es inevitable. Es decir, que es inherente a la presión que se siente ante el final de plazo de presentación de un proyecto.
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Cómo plantar cara al miedo
El miedo es como ese fantasma que tiene una forma de nebulosa hasta que ponemos nombre a este temor. Es decir, hasta que identificamos la situación concreta y específica que nos preocupa. Existen distintos tipos de miedo con nombre propio. Enumero una lista de posibles ejemplos con los que, tal vez, te sientas identificado: “No me gusta utilizar el ascensor”, “Me asusta enfrentarme a una exposición en público”, “Tengo miedo de ser despedido en el trabajo”, “Me asusta la soledad”, “Me da vértigo fracasar en mi nuevo proyecto”…

Cada ser humano tiene sus propios temores, por esta razón, el primer paso para identificar aquello que te afecta a ti en primera persona es anotar ese temor. Hacerlo, es un modo de darle forma, de darte cuenta de que puesto sobre el papel, ese miedo no es tan grande como en tu mente. El mejor modo de plantarle cara al miedo no es la evitación de una circunstancia concreta, aunque esta vía sea aparentemente rápida e incluso, cómoda.
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