Los peores defectos de la gente soberbia
Existen defectos que se entrelazan con otros a modo de causa y efecto. Mientras que la virtud es una semilla que germina como un árbol que da frutos muy valiosos en forma de valores y actitudes, por el contrario, la soberbia es la raíz de muchos defectos. Uno de los defectos más frecuentes de la persona soberbia es la falta de empatía. ¿Y por qué resulta tan difícil para un soberbio ponerte en el lugar del otro?

Porque no establece relaciones personales desde el plano de la igualdad sino desde un rol de superioridad. Desde esta perspectiva, el modo en el que juzga a los demás no es el mismo con el que se juzga a sí mismo. Un soberbio siempre es más benevolente consigo mismo que con los demás.
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Actitudes tóxicas de las personas soberbias
Es incómodo convivir con frecuencia con una persona soberbia porque tiene actitudes que son poco conciliadoras en las relaciones personales. El soberbio es aquel que tiene una imagen de grandeza de sí mismo y observa a los demás desde este aparente plano de superioridad que es totalmente artificial. Existen comportamientos tóxicos de las personas soberbias que son poco fructíferos en las relaciones personales.
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Soberbia, orgullo y vanidad
Soberbia, orgullo y vanidad van de la mano, y lo cierto es que en mayor o menor medida, cualquier persona se ha dejado llevar por este fantasma emocional en algún momento de su vida. Dentro del ser humano se producen dos dualidades, la lucha entre el alma y el ego. El alma te conecta con la energía positiva, con la vitalidad, con la humildad… Por el contrario, la soberbia te conduce al ego, al deseo de sobresalir por encima de los demás, a la rivalidad… ¿Qué hacer entonces?

Aprender a controlar los sentimientos. Entendiendo que nadie es más que nadie y que en el seno de cualquier relación debe existir igualdad para que cada uno pueda mostrarse tal y como es. Pero además, las personas vanidosas y soberbias terminan solas sin relaciones de verdadera calidad, sencillamente, porque alguien que tiene ese modo de ser no deja que los demás sean como quieren ser. No se trata de un juego de palabras sino de una realidad que puedes comprobar a través de la observación.
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